Abascal admite que la fundación pública que dirigió era un ‘chiringuito’ pero justifica que le pagara 82.000 euros

  • El líder de Vox dice que haber estado en la Administración “desde dentro” le hizo consciente de “lo innecesario” de muchas instituciones, pero cobraba ese sueldo porque “estaba trabajando”
  • La opacidad de esa fundación, ahora ya disuelta y controlada por el Gobierno de Madrid, impidió su fiscalización

El líder de Vox, Santiago Abascal, comparece en rueda de prensa tras el Comité Ejecutivo del partido.

El líder de Vox, Santiago Abascal, comparece en rueda de prensa tras el Comité Ejecutivo del partido.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha admitido esta mañana que la fundación pública madrileña a cuyo frente le colocó en febrero de 2013 el Gobierno de Ignacio González era lo que se conoce como un chiringuito. Sin llegar a utilizar ese término, popularizado ahora por su partido en Andalucía para atacar a las asociaciones feministas y otras estructuras de lo que sus dirigentes denominan “Administración paralela”, Abascal ha reconocido que la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio de la Comunidad de Madrid era una entidad “innecesaria”.

Pero, de manera simultánea, ha justificado que esa misma fundación le asignara una retribución anual de 82.491 euros. “Cobraba porque estaba trabajando en ese momento”, ha argumentado el líder de la emergente formación de ultraderecha. Ese importe equivalía a un tercio del presupuesto total disponible para la fundación. Con anterioridad, el político vasco ya había dirigido una entidad pública madrileña: la Agencia de Protección de Datos autonómica, bajo el gobierno de Esperanza Aguirre.

Abascal se ha pronunciado de esa forma durante una entrevista en el programa de Antena 3 Espejo Público. “Precisamente por haber conocido ese tipo de instituciones, por haber estado en la Administración desde dentro soy consciente más que otras muchas personas de lo innecesario de muchas instituciones”, aseguró en respuesta a las preguntas de la periodista Susanna Griso sobre el hecho de que Vox arremeta contra los chiringuitos públicos cuando él mismo capitaneó uno.

Como ha publicado infoLibre esta semana, la fundación, cuyo patronato ordenó disolverla en diciembre de 2013, no pudo ser fiscalizada porque la Cámara de Cuentas fracasó en su intento de obtener la información necesaria para ello. “Dada la insuficiencia de datos aportados –advierte la Cámara en un informe aprobado hace tres meses– no se ha podido examinar la fiabilidad de las cuentas durante el periodo en que la referida fundación se encontraba en activo”.

La entidad ni siquiera rendía cuentas ante el organismo fiscalizador madrileño pese a que era su obligación hacerlo.

El líder de Vox ha remarcado que permaneció poco tiempo al frente de esa fundación. Y ha dicho que ya en la comparecencia que protagonizó en noviembre de 2013 ante la Asamblea de Madrid él mismo avisó de que la fundación era innecesaria. Lo que dijo Abascal el 5 de noviembre de 2013, y así consta en el Diario de Sesiones de la Cámara autonómica, fue esto: “Si bien las fórmulas de actuación pueden ser, como ven ustedes, muy diferentes unas de otras, el último fin es invariable: servir de ayuda y complemento a las políticas de orden social que desarrollan las instituciones públicas; un compromiso del mundo empresarial que, como les decía, en el actual contexto de crisis económica que aún padecemos los madrileños y el resto de los españoles, entiendo que es particularmente valioso, aunque también entiendo que exige una reflexión en estos momentos”.

En su segundo turno de palabra y después de que el entonces diputado de UPyD Alberto Reyero, hoy en las filas de Ciudadanos, insistiera sin éxito para que concretase extremos como qué actividades concretas estaba desarrollando ese año la fundación o a cuánto ascendían sus gastos de personal y con qué periodicidad se reunía el patronato, Abascal añadió lo siguiente: “Estoy seguro de que este Gobierno [el de Ignacio González, entonces presidente de la Comunidad por el PP y hoy principal imputado en la Operación Lezo], que ha estado caracterizado por un esfuerzo tremendo de austeridad durante todos estos años, abrirá o ha abierto ya una reflexión sobre el futuro, sobre la eficacia, sobre la viabilidad y sobre la existencia de organismos de la naturaleza del que yo dirijo. Esa es una reflexión que comparto y que creo, sin ninguna duda, que ha de hacerse urgentemente en estos momentos”.

Un mes y 11 días después de aquella comparecencia, el patronato de la fundación acordó su disolución pese a que ante la Asamblea de Madrid Abascal se había referido, sin cifras pero con profusión de expectativas, a proyectos que tenía pendiente de cerrar y sobre los que no quería “concretar” porque, vino a decir, había negociaciones en marcha.

Bajo control total de la Comunidad de Madrid –todos sus miembros eran altos cargos del Ejecutivo regional salvo uno, el ahora ministro de Cultura, José Guirao, que representaba a la Fundación Caja Madrid–, el patronato emprendió en ese momento el proceso de liquidación y extinción de la entidad. El 28 de enero de 2014, y según han confirmado ahora fuentes del Ejecutivo madrileño, Abascal cesó a petición propia como director gerente de la fundación.


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