Así agoniza el pequeño comercio: 16.000 cierres en un año

La bajada de persianas se dispara mientras el e-commerce factura ya casi 3.000 millones de euros al mes y las grandes superficies se comen cada vez una parte mayor del pastel, en un proceso agudizado por la falta de relevo generacional y los costes de la innovación

Más de 23.000 autónomos que gestionaban tiendas y bares se han dado de baja en seis meses en la Seguridad Social.

Más de 23.000 autónomos que gestionaban tiendas y bares se han dado de baja en seis meses en la Seguridad Social.

El avance del comercio electrónico, la digitalización y la falta de relevo generacional está asfixiando al pequeño comercio, que ya supera los 16.000 cierres de empresas en un año tras haber resistido con una media de algo más de 10.000 por ejercicio desde el inicio de la crisis

Un total de 16.193 empresas de menos de nueve empleados (apenas dos de media en la práctica) bajaron la persiana para echar el cierre en 2017, el último año con datos en la Estadística Estructural de Empresas del Sector del Comercio  del INE (Instituto Nacional de Estadística), que revela un desplome de la actividad que contrasta con la tendencia alcista del sector de las ventas al por menor en su conjunto.

Esos más de 16.000 cierres superan, de hecho, a los que suma el total del ramo (16.148), lo que indica que el número de los medianos y grandes comercios se mantiene, mientras las caída de 429 millones en el volumen de negocio y de 339 millones en las ganancias brutas convive con sendas mejoras de 5.601 millones y de 589 millones en el conjunto del sector de la venta al por menor.

Esos datos indican que algo menos de 13.000 establecimientos medianos y grandes le están comiendo la tostada del negocio de la venta presencial a las más de 450.000 tiendas de barrio y de pueblo pese a que estas representan más del 97% del tejido comercial del país: las primeras han ganado en solo un año un 4% de cuota de mercado para pasar a controlar ya dos terceras partes del negocio y llevarse más de la mitad de los beneficios.

A esa competencia se le suma la del comercio electrónico, cuyo crecimiento está resultando exponencial en el último lustro, en el que la facturación ha pasado de 12.421 millones de euros al año en 2013 a 30.406 en 2017. El repunte hasta los 8.974 en el primer trimestre de 2018 augura que lleva camino de romper la barrera de los 35.000, casi la sexta parte de los 229.510 que mueve la venta al por menor con mostrador, según los datos de la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia).

Los más de 1,7 millones de transacciones diarias se centran en sectores como las agencias de viajes y los operadores turísticos, que suponen el 14,8% de la facturación con 2.709 millones de euros en seis meses, mientras la venta de prendas de vestir ya supera los mil al alcanzar el 5,5% del total.

Casi la mitad de los internautas (44,5%) realizó alguna compra por internet en el primer semestre del año, según el Panel de Hogares de la CNMC, en un avance que lleva tiempo provocando también quebraderos de cabeza a las grandes superficies y que ha provocado alianzas impensables hasta hace poco como la de El Corte Inglés con el gigante chino Alibaba.

“Una imparable senda de destrucción de actividad”

Esas tendencias, obviamente, están teniendo efectos tanto en la ocupación, que desarrollan principalmente autónomos en un sector en el que a menudo participan miembros de la familia en la atención al cliente.

Según el INE, la ocupación en el pequeño comercio sufrió en un año una caída de casi 17.000 personas mientras el mediano y el grande crecían en más de 20.000, con un crecimiento de más de 22.000 asalariados. Supermercados e hipermercados ya acumulan más de la mitad de la ocupación del ramo.

El comercio emplea a una cuarta parte de los autónomos (789.355 de 3.254.663), a los que se suman los de la hostelería (319.641). De ellos, 23.875 se han dado de baja en el último semestre (11.223 y 12.652), en un inquietante retroceso tras un incremento similar de enero a junio al que Eduardo Abad, presidente de UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos) se refiere como una “imparable senda de destrucción de los dos principales sectores de actividad” de los trabajadores por cuenta ajena.

“No se están adoptando medidas paliativas por parte de las administraciones”, critica Abad, que reclama “movimientos” para desarrollar “un nuevo modelo de gestión comercial” a través de la “cooperación económica entre autónomos y la modernización de sus mecanismos de producción”.

“La digitalización es la séptima parte del negocio”

Para Narciso Samaniego, director del área de Competitividad y Creación de Empresas de la Cámara de Comercio de Zaragoza, en la crisis del pequeño comercio confluyen varios factores entre los que, además del impacto del e-commerce y la pujanza de las grandes superficies por el cambio de modelo de consumo, se incluyen otros como la falta de relevo generacional en las tiendas tradicionales y la cancelación de los ventajosos contratos de arriendo de locales en las zonas céntricas de las ciudades en los últimos años. Los dos últimos han provocado el cierre de miles de negocios.

“Se trata de un sector en constante evolución. El comercio ha sido innovador desde los tiempos de los fenicios, y el que no llega al nivel de los competidores, se cae”

“No se puede achacar como causa directa únicamente al comercio electrónico, sino que hay una serie de factores que coinciden en el tiempo. La tienda tradicional no ha llegado a evolucionar y a modernizarse por muchas causas”, señala. “Se trata de un sector en constante evolución. El comercio ha sido innovador desde los tiempos de los fenicios, y el que no llega al nivel de los competidores, se cae”, anota.

“La digitalización es una séptima parte del negocio”, ironiza, en referencia al programa La tienda extendida, con el que organizan sesiones de networking dirigidas a comerciantes para promover la modernización de los establecimientos. Las otras seis son la oferta, la puesta en escena, la comunidad, el personal, la marca y el negocio.

“Se trata de ofrecer al cliente una nueva experiencia, más especializada de la que da la tienda tradicional y con servicios y conocimiento ligados al producto”, indica. “Generar confianza al cliente y aportarle un valor diferencial va unido a especializarse”, añade, al tiempo que cuestiona que “la unicanalidad” del mostrador y el escaparate tenga efectividad en estos tiempos.

En este sentido, anota que “la digitalización del pequeño comercio consiste en dar respuesta a una sociedad digitalizada, en cada caso por el canal o la red social que resulte más interesante. Tienes que estar en internet para vincular al cliente con el establecimiento y atraerlo”.