Columnista rico, periodista pobre

Si usted me dice a mí hace cuatro días que tengo algo en común con el recluso Ignacio Gonzalez, enemigo público numero uno de este país en el momento en que escribo este post, me hubiese sentido muy, pero que muy ofendido.

Imagen del traslado del expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio Gonzalez desde la Comandancia General de la Guardia Civil en Tres Cantos a la Audiencia Nacional el pasado 20 de abril // Santi Donaire (Efe)

Los dos hemos lucido una camiseta del Atleti, de acuerdo, pero Nacho para arrancarle una sonrisa (o cualquier otra cosa) a su colega Enrique Cerezo, y yo por simple pasión colchonera. Cada uno en su sitio: servidor en el Calderón, él en el módulo uno de Soto del Real.

Lo que nos une al expresidente de la Comunidad de Madrid y a mí es que ambos escribímos dos articulos semanales en sendos medios de comunicación. Nacho en La Razón, yo en cuartopoder.es. Bueno, Nacho ha interrumpido su trabajo estos días por… digamos que una indisposición, pero seguro que vuelve pronto a la carga con textos premonitorios como éste, uno de los más brillantes de su carrera periodística: “la corrupción debe ser perseguida y sancionada cuando ha quedado demostrada judicialmente, pero es peligroso hacerlo sobre la base de meras investigaciones o informaciones policiales o de medios de comunicación”.

Sí, Nacho y yo ejercemos de periodistas, o de columnistas, o de analistas, o como prefiera usted llamarlo. Y sí, ambos escribimos dos veces por semana. Ocho textos al mes. Cada uno con su criterio, su talento, su desparpajo. Y me temo que cada uno con su sueldo: él cobra 4.500 euros al mes por sus colaboraciones. Yo… bastante menos. Así que lo del ático en Estepona, ni me lo planteo.

Ni yo, ni la inmensa mayoría de periodistas. 4.500 euros al mes por cuatro columnas de opinión es un precio fuera de mercado. Escribo este post el día del trabajo, y como soy plenamente consciente del difícil momento que atraviesa la profesión (el paro registrado entre los periodistas en 2016 fue un 74% superior al de 2008) no puedo por menos que preguntarme cuál es la fórmula mágica utilizada por Francisco Marhuenda para pagar esos sueldos tan jugosos en un diario tan ruinoso como La Razón. La cabecera del Grupo Planeta se ha desplomado durante marzo en ventas un 44%, pasando de los 105.436 ejemplares de ese mes de 2016 a los 59.059 del actual. ¿Cómo es que con semejante crisis, y desde un medio hundido en la miseria, consigue pagar tan generosamente las colaboraciones?

Muy sencillo: mediante la ingeniería propagandística. El Partido Popular financia a La Razón con dinero público, y luego La Razón se convierte en su altavoz y paga a tipos del PP como González unas cantidades desproporcionadas por unos artículos infumables. Podían evitarse todos estos trámites, y que el político y la empresa de comunicación se quedasen directamente con dinero público. Pero sería robar. De esta manera se puede hablar de subvenciones a la prensa, de garantizar la libertad de expresión o incluso de hacer periodismo.

En este país, en estos negocios (política y periodismo) las modalidades de hurto son, como los caminos del señor, inescrutables.


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