Crónica del asalto a la radio televisión pública

El PP repite la fórmula con la que ya estuvo a punto de mandar a la quiebra a RTVE durante el segundo mandato de Aznar. La peor de las noticias es que aún le quedan tres años por delante para lograrlo

<p>Grabación de un informativo de RTVE en diciembre de 2015.</p>

Grabación de un informativo de RTVE en diciembre de 2015

En noviembre de 2009, el Telediario 2 de TVE gana el premio al mejor informativo del mundo en los Media Tenor Global Tv Awards. Lo hace por delante de los noticieros de la británica BBC y la francesa TF1 y supone el reconocimiento internacional a una forma de hacer periodismo desde el servicio público que comenzó cinco años atrás.

En 2004, con la llegada de Zapatero a la Moncloa, RTVE comienza a trabajar en su etapa de mayor independencia. El PSOE aprueba una nueva normativa en el sistema de elección de cargos del ente público, que requiere el consenso de dos tercios de los diputados del Congreso para elegir al presidente de la Corporación. Por primera vez la Cámara Baja tiene el poder de decisión y designa al periodista Luis Fernández Fernández para pilotar el nuevo rumbo de la radio televisión pública. Meses antes se había producido otro nombramiento que a la postre resultaría clave para recuperar la credibilidad perdida durante la etapa de información goebbeliana del aznarismo. Fran Llorente, hasta entonces conocido por sustituir a Lorenzo Milá en La 2 Noticias, se pone el frente de los servicios informativos de TVE e impulsa unos estándares de calidad que logran convencer a la audiencia. Días de vino y rosas que tocan a su fin en diciembre de 2011, cuando Rajoy aterriza en La Moncloa y deshace todo el camino andado.

González-Echenique y Julio Somoano

El PP deroga el sistema de elección impulsado por Zapatero y recupera el rodillo de la mayoría absoluta, con la elección a dedo de Leopoldo González-Echenique como nuevo presidente de la Corporación. Inmediatamente ruedan las cabezas de los profesionales que el Gobierno considera discordantes, una purga que se resuelve con los ceses de Juan Ramón Lucas y Toni Garrido en RNE, Xabier Fortes en La Noche en 24 horas y la renuncia de Ana Pastor.

La última tropelía ha sido el cese de José Luis Regalado, editor de La 2 Noticias. Sólo allí se dio debida cuenta de la bautizada como Operación Cataluña, la trama de sabotaje liderada por Fernández Díaz para fabricar montajes contra la oposición

González-Echenique fulmina a Fran Llorente y coloca en su lugar a Julio Somoano, a pesar de la oposición de los trabajadores y de que el nuevo responsable de los servicios informativos hubiese denunciado a RTVE por despido improcedente tras aprovechar una excedencia para fichar por Telemadrid.

Curtido en el condado de Esperanza Aguirre, ya apuntaba maneras en su tesis para un máster universitario que llevó por título Estrategia de comunicación para el triunfo del Partido Popular en las próximas elecciones generales.

La llegada de Somoano precipitó el ocaso del liderazgo de TVE. Tras 65 meses al frente de las audiencias, en marzo de 2013, los telediarios de la cadena pública cedían la primera posición a Telecinco, situación similar a la de Los Desayunos, que se desplomaron hasta perder 4,4 puntos de share. A la salida forzosa de Ana Pastor, sustituida por María Casado, le siguió la designación como director de Ignacio García Mostazo, antiguo compañero de Somoano en Telemadrid y desde entonces responsable de la selección de tertulianos.

La mesa de debate se llenó de polemistas afines a la línea ideológica del Gobierno: Bieito Rubido, director del ABC, Edurne Uriarte, politóloga y por entonces pareja del exministro Wert o Curry Valenzuela, también procedente de la cadena pública madrileña.

El viraje ideológico hacia los postulados de la derecha fue denunciado en varias ocasiones por el Consejo de Informativos de TVE, órgano de representación de los trabajadores cuya relación con Somoano fue de confrontación permanente. Sobre todo cuando éste acusó a sus integrantes de ser los responsables del descenso de espectadores: “Ahora mismo el programa de los servicios informativos que menos audiencia tiene es en el que hay más miembros del Consejo: El Mundo en 24 horas”.

Otro de los episodios más discordantes entre trabajadores y dirección fue el tratamiento del caso Bárcenas. En enero de 2013, el espacio Informe Semanal emitió un reportaje titulado Las cuentas de Bárcenas, tachado por el Consejo como un “ejercicio de manipulación”.

En el mismo se dedica más tiempo a recordar los casos de corrupción del PSOE que en ahondar en las conexiones de Bárcenas con los máximos dirigentes del PP, obviando por completo la información revelada unos días antes por el diario El Mundo que apuntaba a la cúpula del partido como receptores de los sobresueldos del tesorero. La reputación de uno de los programas más emblemáticos de la cadena poco a poco se fue derrumbando, entre acusaciones de manipulación tras el nombramiento de Jenaro Castro como director. Se llegó incluso al extremo de que uno de sus realizadores, Carlos Alonso, fue apartado tras negarse a firmar las piezas sobre la tragedia del Madrid Arena y las elecciones autonómicas en el País Vasco.

La ocultación de datos con fines partidistas es otra de las estrategias más recurrentes en la gobernanza del PP. Ocurrió en septiembre de 2012 cuando el Telediario 2 relegó hasta el minuto 20 la noticia sobre la Diada de Cataluña, motivo por el cual la Dirección de Comunicación de la casa tuvo que disculparse admitiendo un “error de valoración”.

Tan solo un mes después las críticas volvieron a arreciar durante los comicios en el País Vasco: TVE cortó el discurso de Bildu, segunda fuerza política, para conectar con la sede del PP, residual en aquellos comicios.

Sánchez Domínguez y Álvarez Gundín

En el afán por convertir RTVE en una suerte de orwelliano Ministerio de la Verdad, Somoano fue sustituido en octubre de 2014 por José Antonio Álvarez Gundín, antiguo subdirector de Opinión y Economía de La Razón y responsable, entre otros escándalos, de la reciente cobertura informativa del 10, reprobada por el Consejo de Informativos.

El proceso soberanista está siendo uno de los escenarios más deformados por el prisma de la televisión pública. Debates monocromáticos en los que los tertulianos recorren todo el espectro de posibles influencias del soberanismo, desde la burguesía catalana hasta la inspiración filofascista pasando por la siempre omnipresente ETA, comodín habitual para justificar los orígenes de todos los movimientos subversivos.

La cobertura de las manifestaciones también ha sido dispar. Mientras la Diada y las protestas independentistas eran silenciadas, la concentración unionista del pasado 8 de octubre fue retransmitida íntegramente, destacando el ambiente festivo y democrático, efectivamente predominante, pero blanqueando la presencia de grupúsculos de extrema derecha.

Tampoco se ha librado el chavismo de ser citado como referente de los secesionistas y es que si de algo ha adolecido la televisión pública estos años ha sido de empacho caribeño.

Podemos llegó a las elecciones de junio de 2016 como una seria amenaza para el bipartidismo, así que la maquinaria de RTVE centró todos sus esfuerzos en convertir a Venezuela en protagonista de la campaña electoral. Según datos revelados por el periodista Alejandro Torrús en Público, sólo en mayo de ese año, los telediarios de La 1 emitieron 20 piezas, 17 directos o falsos directos, 17 totales y 18 colas sobre Venezuela. En 35 de las 62 ediciones del Telediario 1 y Telediario 2 se dio algún tipo de información sobre el país latinoamericano.

La situación en Caracas fue utilizada como altavoz para apartar del debate electoral los casos de corrupción del PP y como arma para desgastar a Podemos, a cuenta del  supuesto idilio de algunos de sus integrantes con la revolución bolivariana.

La irrupción de los morados se produjo en las europeas de 2014, cuando contra todo pronóstico lograron cinco escaños. A pesar de que el partido estaba en plena cúspide de popularidad, Pablo Iglesias no pisó un plató de RTVE hasta el 5 de diciembre, cuatro meses después. Fue en el programa La Noche en 24 horas donde el presentador Sergio Martín le dio la enhorabuena por la excarcelación de un grupo de presos de ETA y el tertuliano Alfonso Rojo se despachó con su verborrea bajofondista habitual.

Se sabía que la entrevista no iba a ser miel sobre hojuelas, pero días después se certificaron las sospechas de añagaza cuando se filtró un audio donde presentador y tertuliano planeaban la estrategia: “Al enemigo, ni agua”, decía Rojo. “La clave esta noche es que no pueda decir que es una encerrona”, replicaba Martín.

La entrevista al líder de Podemos fue posible gracias a las presiones de los trabajadores de la Corporación, cuyo empeño por mantener la ética de la televisión pública a flote ha tenido que sortear en más de una ocasión los intereses partidistas de Gundín. Por ejemplo, cuando contrató a once nuevos periodistas saltándose los procesos de selección establecidos en la casa. Sucedió en febrero de 2015 con la llegada de un grupo de trabajadores procedentes de Intereconomía, Cope o Periodista Digital, entre otros. El Consejo de Informativos calificó este hecho como un intento de crear una “redacción paralela” con periodistas afines al PP.

El sesgo ideológico también marcó el tratamiento, o mejor dicho, el no tratamiento, de la lucha espartana de una nonagenaria por recuperar la dignidad de sus muertos. Gracias a la acción de la justicia argentina, Ascensión Mendieta logró exhumar los restos de su padre, un sindicalista de Sacedón fusilado el 15 de noviembre de 1939.

La noticia mereció la atención de gran parte de la prensa nacional e incluso de medios extranjeros, sin embargo TVE la obvió en sus programas informativos. Quizá sea porque Ascensión desmontaba con cada una de sus palabras el arquetipo de odio revanchista sobre el que el PP ha construido su discurso contra las víctimas de la represión franquista, o quizá sea porque la derecha se afana en encubrir los crímenes de los suyos.

En julio de este año, Mariano Rajoy compareció en la Audiencia Nacional como testigo en el juicio del caso Gürtel. TVE fue el único canal generalista que no emitió en directo la declaración del presidente. Además,  el Consejo de Informativos denunció que la cadena había copiado el argumentario del PP en su pieza del telediario.

La redactora se negó a firmarla aludiendo que Carmen Sastre, directora de Contenidos, había minutado el reportaje con ejemplos de otros presidentes de gobierno que tuvieron que rendir cuentas ante la justicia.

El modelo era similar al puesto en marcha tras la muerte de Rita Barberá, un dechado de virtudes a ojos de la televisión pública que pasó de soslayo por las tramas de corrupción que asolaban a la expresidenta de la Comunidad Valenciana. Cuando la autopsia reveló que el fallecimiento fue debido a causas naturales, TVE decidió ocultar las conclusiones del informe porque días antes ya le había cargado la responsabilidad al “juicio mediático” y a los partidos de la oposición.

Gundín llegó de la mano de José Antonio Sánchez Domínguez, designado presidente en octubre de 2014 tras la renuncia de González-Echenique, después de que el Gobierno rechazara una inyección de liquidez para reflotar la Corporación. Decía Albert Camus que una prensa sin libertad nunca será otra cosa que una prensa mala, y con la designación del nuevo presidente, el PP tapó los pocos respiraderos que aún le quedaban a la radio televisión pública.

Criado en las faldas de Luis María Ansón, Sánchez Domínguez es un gacetillero de baja estofa, reconocido votante del PP, que ya prestó servicios como propagandista de la derecha en la etapa más crítica de José María Aznar.

Fue entre los años 2002 y 2004, periodo en el que su liderazgo en RTVE estuvo marcado por la desinformación de episodios como la invasión de Iraq o los atentados del 11 de marzo. Para la hemeroteca de la infamia, los planos cuasi espaciales del accidente del Prestige, que hacían que una balsa de 77.000 toneladas de fuel pareciera unos hilitos de plastilina.

Altanero y lenguaraz, famosas han sido sus comparecencias en el Congreso, donde ha defendido con sermones de homilía los pilares que han caracterizado su gestión; contrataciones a dedo, hundimiento de las audiencias y sesgo ideológico.

A la hora en la que se escriben estas líneas el asalto a la televisión pública continúa. La última tropelía ha sido el cese de José Luis Regalado, editor de La 2 Noticias. Sólo allí se dio debida cuenta de la bautizada como Operación Cataluña, la trama de sabotaje liderada por Fernández Díaz para fabricar montajes contra los partidos de la oposición, y sólo allí la información había permanecido a salvo de las injerencias de políticos y gacetilleros.

En dos ocasiones el Consejo de Europa ha mostrado su preocupación por las interferencias del Gobierno en RTVE. La primera sucedió en 2002, en la etapa de José María Aznar. La segunda, hace tres años, con Rajoy en el poder.

El PP vuelve a repetir la fórmula con la que ya estuvo a punto de mandar a la quiebra a radio televisión pública y la peor de las noticias es que aún le quedan tres años por delante para lograrlo.