¿Debería cesar el PSOE al comandante del buque ‘Juan Sebastián Elcano’ cuando se encontraron 127 kilos de cocaína?

La noticia del cierre sin imputados ni condenados del caso de los 127 kilos de cocaína en ‘Elcano’, como muchas otras primicias del mundo militar, tuvo menor repercusión de la merecida habida cuenta de tratarse del mayor escándalo de tráfico de drogas de la historia reciente de la Armada Española. En total, en ‘Elcano’ se traficaron con casi 150 kilos de cocaína si añadimos los casi 23 kilos desembarcados en EEUU a los 127 kilos encontrados en el interior del buque (en el pañol). La exclusiva sobre el cierre en falso del caso, ofrecida por ‘El País’, se publicaba a las 10:00 horas de la mañana del 14 de junio de este 2018 y a las 17:00 horas del mismo día ya no quedaba ni un gramo de la coca de ‘Elcano’ en la portada.

Recopilando

El escándalo estallaba hace cuatro años, en el año 2014, cuando la Guardia Civil encontraba 127 kilos de cocaína en el buque insignia de la Armada Española, el ‘Juan Sebastián Elcano’. No sin ayuda, porque tardaron varios días y necesitaron varios registros, pero ni esa ‘torpeza’ pudo evitar que la droga fuera encontrada. Porque los estupefacientes no se hallaron por casualidad, ni mucho menos por el correcto funcionamiento de los órganos de control militares y policiales patrios, sino porque varios militares desembarcaron unos 20 kilos de droga y la vendieron en Nueva York. Lugar en el que detuvieron al narcotraficante que confesó el origen de los estupefacientes: marineros del ‘Juan Sebastián Elcano’.

Sí, han contado y leído bien: solo la detención de un ‘camello’ por la policía norteamericana pudo descubrir el escándalo. Dos preguntas surgen al instante a cualquier lector: ¿habrían encontrado la droga los cuerpos policiales españoles en el caso de no ser alertados por los norteamericanos? ¿Era la primera vez que ocurría o se trataba de una práctica que se había realizado con anterioridad? Ni la cúpula militar ni el ministerio de Defensa quisieron jamás encontrar las respuestas a estas preguntas ni ninguna otra que se formulara sobre el caso en cuestión, sino sepultar el asunto lo antes posible. Y no ha sido fácil enterrar tantos kilos de droga en el silencio mediático.

Por suerte para la ciudadanía, el caso terminó en el Juzgado Territorial Militar nº 12 de Madrid, porque de haber acabado en el otro existente (el número 11), el tráfico de drogas hubiera sido cerrado a los pocos meses sin apenas diligencias. La jueza del Territorial nº12, quizá la única que cumple con su obligación en el ámbito de la justicia castrense, intentó durante cuatro años desentrañar quiénes fueron los responsables de introducir y guardar 127 paquetes de droga, a kilo la unidad, en el pañol del barco, pero se encontró con un obstáculo insalvable: el absoluto caos que existió en el control de acceso a esta parte del buque. Podían haber sido los 185 tripulantes o podía no haber sido ninguno. Y entre medias todas las variables imaginables.

Sin embargo, sospecha la jueza, con buen criterio, que más allá de los encausados por traficar con unos 20 kilos de droga, un total de siete en varias causas, “no serían los únicos a bordo que llevarían a cabo, presuntamente, este tipo de acciones de tráfico de cocaína”. Pero ante la ausencia de pruebas o indicios suficientes no le queda más remedio que dar carpetazo temporal al caso.

El entonces capitán de navío Torres Piñeyro: sin responsabilidad… y ascendido dos veces

La mera aparición de 127 kilos de cocaína en un buque militar, a la que habría que sumar otros 20 kilos de droga desembarcados en Nueva York, debería haber sido más que suficiente como para que el entonces comandante de la embarcación y capitán de navío Enrique Torres Piñeyro, hubiera dimitido por responsabilidad o hubiera sido inmediatamente destituido. Confirmado que lo primero se enmarca poco menos que en las tierras de la utopía, pues los altos mandos militares no dimiten ni con cadáveres encima de la mesa, la destitución habría sido una solución decorosa. Acontecimiento no menos quimérico gobernando el Partido Popular.

Pero si a ello le sumamos que ha sido precisamente el descontrol absoluto en el pañol, lugar en el que se guardaban los paquetes de droga, el causante de no poder averiguar quiénes (y cuántos) fueron los responsables de introducir y guardar droga en el buque, el cese debería de haber sido acompañado de un expediente sancionar acorde con el escándalo y el desprestigio que esta barahúnda ha supuesto para la Armada Española.

Desgraciadamente, el partido que ha gobernando España los últimos años, el Partido Popular, salpicado por múltiples casos de corrupción y cuestionables relaciones con narcotraficantes, eligió exactamente el sentido contrario, ya que Pedro Morenés, exministro de Defensa, ascendió a Torres Piñeyro a contralmirante en septiembre de 2015 y en abril de este 2018 la anterior ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, tuvo a bien ascenderle a vicealmirante y nombrarle jefe del arsenal de Cádiz. Demasiados parabienes para tamaña negligencia y tan grave e infausto descontrol, lo que quizá encuentre justificación no solo en la propia naturaleza del anterior partido del Gobierno, sino también en la estrecha amistad del negligente Torres Piñeyro con al actual monarca, Felipe VI, del que fue ayudante de campo.

Sea como fuere, ¿puede el responsable del buque en el que se traficaron con 150 kilos de droga dirigir un arsenal? La respuesta (y la responsabilidad) está en manos de la nueva ministra de Defensa, Margarita Robles, máxime cuando se acaba de cesar al vicealmirante Carlos Gómez, Subdirector de Reclutamiento, por ser el responsable de las controvertidas pruebas de acceso que terminaron con varias aspirantes excluidas por tatuajes.

Si el PSOE es un partido que cesa a un alto mando militar por unas pruebas de acceso mientras mantiene en un arsenal al incompetente, en el mejor de los casos, que convirtió el buque insignia de la Armada Española en un paraíso de la coca solo demostrará ser un partido de retoques estéticos.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.

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