El FMI advierte que BBVA y Banco Santander son un peligro sistémico

La alta exposición de estos bancos a países como Chile, México, Portugal o Turquía ponen en riesgo la economía española y la de esos países, según avisa la institución que preside Lagarde.

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Oficina del Banco Santander // David Fernández

Los fuertes vínculos de las entidades financieras españolas con el resto del mundo dan lugar a posibles riesgos de contagio transfronterizo. Esa es a la conclusión principal a la que llega el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un informe publicado sobre el sistema financiero español.

Las indicaciones y recetas del FMI sobre el sector bancario y su reestructuración tras la crisis financiera de 2008 y los rescates bancarios siempre han ido encaminada a promover la concentración bancaria. En los últimos años hemos visto como el Gobierno, mediante el FROB, ha forzado las fusiones bancarias como la de Bankia, que ahora sentará a Rodrigo Rato en el banquillo, u operaciones de rescate para luego ser vendidas a otra entidad mayor, como el caso del Banco Popular.

Es por ello que ahora resulta extraño que el mismo FMI sea quien haga saltar la alarma del peligro sistémico del sector bancario español, sobre todo de dos de las entidades que más beneficiadas han salido de esos rescates, fusiones y adquisiciones: Banco Santander y BBVA.

Según apunta el estudio, la cuota de activos financieros en el exterior de los bancos españoles se ha duplicado, llegando casi al 45% del total de activos financieros en junio de 2016, frente al 25% de junio de 2008, con un incremento muy significativo de esa exposición a productos en manos de hogares y pymes. Las mayores exposiciones internacionales por activos financieros se concentran en el Reino Unido (27%), Estados Unidos (16%), Brasil (10%), México (9%), Turquía (6%) y Chile (4%).

La exposición en el extranjero ha crecido al 45% del total de activos financieros con un incremento muy significativo de lo que está en manos de hogares y pymes

España tiene una gran exposición en las economías de Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Alemania, pero son relativamente moderadas en relación con el sistema bancario esos países. Pero el informe resalta que existe una presencia en países donde el sistema bancario se encuentra en una situación muy débil, como en Portugal, donde la exposición es de cerca del 14% de los activos totales del sector bancario en el país. O en Turquía, donde tras la reciente compra del BBVA, los bancos españoles representan en torno al 12 por ciento de su sector bancario.

Los dos primeros bancos españoles tienen más de la mitad de sus activos financieros en el extranjero y dependen, en gran medida, de esas operaciones, según el FMI. En 2015, el 88% de los ingresos antes de impuestos del Santander proceden de sus operaciones internacionales. Para el BBVA esta cifra es aún mayor, alcanzando el 89%. La institución que preside Lagarde avisa que “la alta dependencia de las filiales extranjeras en la generación de beneficios podría implicar vulnerabilidades significativas si las condiciones económicas y financieras de los países receptores se deterioraran”.

El informe también apunta que, tanto BBVA como Santander, tienen una gran exposición a países de Latinoamérica, y advierte del riesgo de que dos bancos con esa importancia sistémica en la economía española dependan en gran medida de los beneficios en esos países. BBVA y Santander representan el 38% del sector bancario mexicano y el 25% del sector de Chile, lo que podría suponer un grave riesgo, tanto para los países anfitriones en caso de que uno de los bancos tuviera un problema, como para la economía española en caso de que una de esas dos economías tuviera un problema y arrastrara el negocio de esas dos entidades.

Por último, el informe también alerta de la fuerte interconexión entre las diferentes líneas de negocio mediante los grandes grupos conglomerados. Los principales bancos españoles operan como grupos financieros diversificados en seguros, fondos de inversión y pensiones y otros sectores. Según el FMI, la existencia de estas interrelaciones tan fuertes podría generar riesgos sistémicos y provocar un efecto dominó provocado por las pérdidas o tensiones en uno de esos mercados.