El origen de Ciudadanos: del activismo a la lucha institucional

Tras décadas de lucha, los movimientos españolistas de procedencia socialdemócrata en Cataluña lograron hacer cuajar un proyecto político solvente.

“Ciutadans nace sin líder, y cuando tiene que inventárselo lo resuelve con prisas y por orden alfabético de una lista donde la singularidad (o la artimaña) hace que no sea el apellido sino el nombre el que decide la elección. Si Rivera en vez de llamarse Albert se hubiera llamado Xavier hoy no lo conocería nadie”. El conocido dramaturgo Albert Boadella, uno de los impulsores de Ciutadans, se expresó de este modo en su blog en 2009, cuatro años después del nacimiento del partido.

El origen de Ciudadanos: del activismo a la lucha institucional
Albert Rivera, en una foto de archivo//Ciudadanos

Ciudadanos, la derecha pop

En La Marea hemos tratado de resolver las incógnitas que rodean al partido mediante una radiografía desde sus orígenes.

Ciudadanos lleva una década haciendo política en el Parlament de Cataluña pero, en el último año, ha ganado una fama que le ha hecho situarse en las encuestas como el partido clave para formar gobierno, que podría incluso revalidar el mandato del PP durante otros cuatro años.

Su carismático líder, Albert Rivera, largamente entrenado en el marketing político, es el mejor valorado entre las primeras cabezas políticas del país. Las elecciones catalanas le han colocado en una posición de salida óptima para las próximas generales del 20-D, que, no obstante, no se jugarán exclusivamente en el terreno de independencia sí, independencia no, por lo que está por ver si Ciudadanos continuará con su ascenso en cuanto a cuota de poder.

En cualquier caso, pese a que los focos apuntan continuamente a la formación de Rivera, están surgiendo muchas dudas. ¿De dónde vienen? ¿Qué piensan más allá de la disputa del “centro” como espacio político donde caben muchas cosas? ¿Cómo eligen a sus dirigentes? ¿Cómo se financian? ¿Es el partido del IBEX-35?

Tras décadas de lucha en el plano asociativo, los movimientos españolistas de procedencia socialdemócrata en Cataluña lograron hacer cuajar un proyecto político serio y con opciones de entrar en las instituciones. Gracias, sobre todo, a la confluencia con un grupo de intelectuales, entre los que se encontraba el propio Boadella, con gran presencia mediática.

Tal y como explicaba hace ya nueve años el periodista Albert Balanzà en su libro Boadella&Cía: Els intents de crear un partit espanyolista a Catalunya (Ara Llibres, 2006), el movimiento españolista que acabaría cristalizando en Ciutadans en 2005 llevaba toda la década de los 90 tratando de articular un proyecto contra las políticas lingüísticas de Convergència i Unió (CiU). Comenzaría con actos aislados de protesta realizados por padres de alumnos y profesores, diversos manifiestos y experiencias asociativas. La Ley de Normalización Lingüística implantó la consideración del catalán como lengua propia de la escuela y dio paso al sistema de “inmersión lingüística” y generó un conflicto con los que defendían el derecho a recibir una educación en castellano.

En esas primeras luchas ya se empezaron a encontrar muchos de los nombres que luego serían claves en la formación de Ciutadans. Uno de ellos es Antonio Robles, padrino político de Rivera, entonces profesor de la escuela barcelonesa Reyes Católicos -que acogía a hijos de militares- y que, junto a varios colegas del centro, impulsó diversas iniciativas. Muchos años después, acabaría siendo elegido secretario general Ciutadans en su congreso fundacional, en 2006, cargo en el que estuvo un año. Fue diputado en el Parlament hasta que dimitió, en 2009, tras la coalición del partido con Libertas para las elecciones europeas de ese año.

El espíritu del Mogambo

Fueron poco a poco apareciendo proclamas como las del Manifiesto por la Tolerancia Lingüística (1994), contra la “desaparición” de la “lengua común de todos los españoles” de las instituciones y documentos oficiales. Denunciaba, asimismo, que “todos los medios de comunicación dependientes de la administración autonómica son exclusivamente en catalán”. Nacía la Asociación por la Tolerancia, que se reivindicaba de izquierdas, y tenía entre sus fundadores a Félix Pérez Romera, ex militante de la CNT, y a Rafael Ávila, líder de la Asociación de Profesores por el Bilingüismo, otros dos nombres clave en la gestación de Ciutadans. Los movimientos sociales que se fueron desarrollando en estos círculos defendían la unidad del país con un “aire menos casposo”, en palabras de Balanzà, que el españolismo de derechas.

Los lemas que comenzaban a usarse en esta época –”Los territorios no hablan, lo hacen las personas”– eran ya muy parecidos a los que acabaría esgrimiendo más tarde Ciutadans. En estos movimientos confluían plataformas de padres y profesores, pero también un sector del PSC. “Robles era uno de los que más claro tenía que la guerra de la lengua se tenía que acabar con la creación de un partido político”, escribe Balanzà. Sin embargo, no todos lo tenían tan claro: todavía muchos pensaban que podrían cambiar la política lingüística influyendo desde dentro de las filas socialistas. Por aquella época, el centro de reuniones era “el bar de Benito”, el nombre con el que conocían al restaurante Mogambo, en la plaza de la Sardana de Premià, en un discreto reservado. Allí fue donde se haría, en 1995, el primer intento de “soldadura”, en palabras de Robles, de los movimientos sociales con otro grupo que luego sería decisivo: el de los llamados intelectuales.

Al final, lo que cristalizó ese año fueron los Premios Anuales a la Tolerancia, entregados por la Asociación por la Tolerancia, con los que se fue agasajando a muchos de estos líderes de opinión: Ivan Tubau (1995), Félix de Azúa (1998), Francesc de Carreras (2001), Albert Boadella (2002) o Arcadi Espada (2005), todos ellos firmantes del famoso Manifiesto por un Nuevo Partido Político, también conocido como Manifiesto de los Quince, antecedente directo de Ciutadans. Otro de los logros de las reuniones en el Mogambo fue la creación en 1996 del Foro Babel, un grupo de debate de oposición al nacionalismo catalán en el que se integraría De Carreras, ex militante antifranquista del PSUC, así como otros intelectuales de la izquierda -ya no revolucionaria-.

En aquellos tiempos todavía pensaban en hacer virar al PSC. La idea de ir en serio con un partido nuevo no estaba madura. Pero, tras un tiempo de calma, la fuerza de los hechos les haría cambiar de opinión: consideraban que el Tripartito (ERC, PSC y ICV-EUiA) siguió, desde su conformación como gobierno en 2003, una política lingüística continuista en esencia con respecto a CiU.

Del Mogambo al Taxidermista

En 2004 fue cuando el movimiento se reactivó. Ese año, Arcadi Espada convocó una comida en Barcelona para una decena de amigos, entre los que se encontraba Boadella, con la intención de crear un partido político. Por otra parte, se estaban produciendo reuniones impulsadas por Pérez Romera. Los dos grupos se unirían de inmediato. El propio Pérez Romera estaba en el restaurante barcelonés El Taxidermista el 7 de junio de 2005, cuando los llamados “intelectuales no nacionalistas” presentaron el famoso manifiesto que dio pie a Ciutadans. “Después de 23 años de nacionalismo conservador, Catalunya ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierda. No ha cambiado nada esencial”, resumía el texto, que criticaba la “pedagogía del odio” de los medios de comunicación pública catalana, pero también la corrupción de la clase política.

Robles y Ávila, pese a que no estuvieron en dicho encuentro, se sumaron al proyecto desde el primer día. Era el esperado resurgimiento de un movimiento en el que habían trabajado muchos años. A ese manifiesto se adhieren unos doscientos nombres de diversas plataformas y movimientos españolistas que se habían ido articulando aquellos años. Es el sector activista, el más firme defensor del proyecto, no se acababa de fiar de los intelectuales, que hicieron virar a la derecha el movimiento. Por eso Robles inscribió otro partido, llamado Iniciativa No Nacionalista, como un “seguro de vida para garantizar un partido de centroizquierda no nacionalista si finalmente Ciutadans no se decide a serlo”.

El Mundo sería el diario que haría bandera de esta iniciativa, como llevaba haciendo de la lucha del españolismo en Cataluña los años anteriores. El rotativo de Pedro J. Ramírez se volcaría con artículos, exclusivas, coberturas… A eso, hay que sumarle el posicionamiento estratégico que los intelectuales impulsores de Ciutadans tenían en los medios: La Vanguardia (De Carreras), El Periódico (De Azúa), El País (Espada), El Mundo (Tubau) y ABC (Pericay). Otras plumas, desde fuera, contribuían al fermento ideológico, como Luis María Ansón, que en su artículo Opresión en Cataluña, publicado en 2005 en La Razón, acusaba al tripartito de actuar “de forma que recuerda al nacionalsocialismo, al nazismo”.

Los meses posteriores se articula Ciutadans de Catalunya, que realizará un congreso constituyente en julio de 2006. A principios de ese año, el partido hizo una rueda de prensa en la que anunció que disponían ya de una cierta implantación en Cataluña, con 800 afiliados, 39 agrupaciones, la mayoría en Barcelona y en el área metropolitana. Se reactivaron los activistas que habían estado los últimos años más parados. Se adaptó el lema usado en los años 90: “Los territorios no tienen derechos. Sólo los tienen las personas”.

En ese momento los “intelectuales”, que habían avisado de que no iban a tomar cargos, se pusieron de perfil a la hora de elegir candidato. En el cónclave de elección de la candidatura, los dos sectores enfrentados no se pusieron de acuerdo, por lo que al final confeccionaron una lista de integración con 15 miembros y, en una reunión muy reducida, decidieron elegir a los dos primeros de la lista por orden alfabético. Teniendo en cuenta el nombre, no el apellido. El resultado: Albert Rivera presidente y Antonio Robles secretario general. El lunes 10 de julio del 2006, todos los diarios se hicieron eco de que un joven abogado de 26 años de Granollers, desconocido y sin experiencia política, se había hecho con la presidencia del partido.

Ciudadanos, una derecha a la francesa

(Ampliación del Artículo, La Marea 19-11-2015)

Una de las mayores suspicacias que levanta la formación de Albert Rivera tiene que ver con sus planteamientos ideológicos. Dicen no jugar en el eje izquierda y derecha, que divide y no explica nada. Pero, ¿qué implica eso en medidas concretas? En su ideario, el partido sostiene que existía un vacío de representación en el espacio electoral de centro-izquierda no nacionalista. El PSC había, para ellos, capitulado ante el nacionalismo catalán. En este sentido, Ciudadanos asegura que se nutre “del liberalismo progresista y del socialismo democrático”.

“La igualdad y la solidaridad entre ciudadanos hacen necesaria la intervención de los poderes públicos para asegurar la efectividad de los derechos sociales”, continúan en su declaración de intenciones. Se llama, por otro lado, a “reforzar la cultura del mérito y el esfuerzo en la educación” y a hacer “compatibles la economía de mercado con el principio de igualdad de oportunidades”. El sustento social de Ciudadanos fermentó mediante luchas de movimientos sociales socialdemócratas pero la entrada de los llamados intelectuales, en 2005, derechizó los postulados y tomó fuerza el carácter “transversal”, es decir, liberal -en lo económico-, del bagaje ideológico del partido. Arcadi Espada fue quien encabezó esta última corriente.

Cuando la candidatura tomó forma, los impulsores llegan a la conclusión, refrendada por sondeos del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat, de que la mayoría de abstencionistas -el tope de participación en Cataluña estaba en 2006 en el 65%- venían de padres nacidos fuera de la Comunidad Autónoma. La mayoría de los abstencionistas se declaraban de centroizquierda y los que se sentían sólo catalanes eran minoría. Ciudadanos identificó el caladero de votos. Sin embargo, tenían muy en cuenta que casi la mitad de votantes del nuevo partido vendrían también de la derecha.

Convulsiones internas

Pese a la calma que parece reinar hoy en el seno de un Ciudadanos que no deja de conseguir victorias electorales y de subir en las encuestas, la situación interna no fue siempre igual. En 2009 se produjo un auténtico cisma debido, por un lado, a los malos momentos que pasaba el partido de cara al exterior, azuzados por la consolidación de un nuevo partido con sus mismos postulados, UPyD, y, por otro, a decisiones como la coalición con Libertas, un partido ultraneoliberal, de cara a las elecciones europeas de ese mismo año, donde consiguió únicamente 7.000 votos. Esta alianza provocó la dimisión de un histórico, de ideas socialdemócratas, Antonio Robles.

Por su parte, intelectuales provenientes del PSC como Albert Boadella pasaron a criticar a Ciudadanos y a alabar la candidatura de Rosa Díez. Pero Albert Rivera se planteó firmemente renovar el partido. Tras ser ratificado por la ejecutiva como presidente, comenzó a llamar a nuevos nombres, como al ex eurodiputado y actual número uno de Ciudadanos por Barcelona para las elecciones generales, Juan Carlos Girauta. “En 2009 Ciudadanos tiene un bajón importante, muchos problemas internos, y en ese momento Rivera me explica que piensa enderezar el proyecto muy en serio y me pide colaboración”, explica.

Rivera ya no era un joven desconocido de 26 años elegido por supuesto azar. Ahora era, además de presidente, el líder del partido. Pero, ¿cuál es el planteamiento ideológico de Rivera? Robles, en una entrevista este verano con Radio 4G, lo explica así: “Ciudadanos es un partido de corte progresista de centro izquierda, que Albert trata de conservar aunque él es más liberal que socialdemócrata. Rivera es joven, inteligente, que cree en el libre mercado y en la justicia social. Titular a Rivera de derechas es equivocado”.

Girauta insiste en la cuestión del centro. “Sinceramente no nos vemos ni en la izquierda ni en la derecha. Defendemos algunas cosas que en materia económica en España se atribuyen a la derecha y en materia social que se atribuyen a la izquierda. En este país no existe la socialdemocracia liberal”, reflexiona. Dar “espacio a los negocios”, “desburocratización”, “generar riqueza para mantener un estado del bienestar”, dibuja esquemáticamente Girauta. “Los socialistas dicen que somos la derecha civilizada y en el PP dicen que somos de izquierda. Pues bueno”, agrega.

Un centro derecha sin humanismo cristiano

Lo cierto es que no toda la derecha les identifica como izquierda. Uno de los fundadores del PP y hoy alejado del partido, Manuel Milián, cree que Ciudadanos es más parecido a la derecha republicana francesa. “Es un centro derecha desnudo de conceptos morales trascendentes, con un concepto muy republicano y laico que, a diferencia del PP, no parte de un humanismo cristiano”, opina. En cualquier caso, Milián repite una crítica generalizada: “Ciudadanos juega con cierta ambigüedad, no expone claramente su perfil”, matiza. Rivera, que asegura que ha votado en diferentes comicios al PSC, al PP e incluso a CiU, tampoco ayuda a despejar esas dudas.

Para Oriol Bartomeus, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, la ubicación del electorado de Ciudadanos es el centro, lo que, en el caso catalán, implica situarse más a la derecha que la media. “La media aritmética del electorado catalán se sitúa en el centro izquierda, por los que se sitúan en el centro en realidad están en la derecha del centro de gravedad”, precisa. En cuanto a sus valores “se puede considerar progresista, pero sus propuestas son claramente liberales”. “Ciudadanos, igual que Podemos, ha aprovechado el hueco que han dejado el PSOE y el PP, con la diferencia de que los partidos nuevos se presentan como limpios, no corruptos”, concluye.

Una de las cuestiones clave para dilucidar si Ciudadanos es un partido que tira más a la izquierda o a la derecha en el terreno económico es la manera en que confeccionan su programa. Éste parte de un ideario, esbozado brevemente por el núcleo impulsor del partido. A partir de ahí el trabajo es desarrollado por técnicos de ideología liberal. “Vamos viendo que el proyecto se va convirtiendo en uno de gobierno, así que ponemos la cuestión en manos de una persona que se nos acerca y que dice que quiere implicarse, que es Luis Garicano”, explica Girauta. El conocido economista, de pensamiento neoliberal y proveniente de FEDEA, un think tank de las grandes empresas del IBEX 35, pasa a coordinar a un grupo de 50 expertos para aterrizar el llamado ideario. “Es una autoridad respetada internacionalmente que importa medidas de otros sitios, como el complemento salarial de Inglaterra y EEUU, o la idea del contrato único, que el PP rechazó en su día”, desarrolla.

Garicano ha expresado en varias ocasiones que la reforma laboral que el Gobierno de Mariano Rajoy ha llevado a cabo “no es mala”. Una posición que también adoptó Ciudadanos. En 2012, los partidos de izquierda del Parlament trataron de que la Cámara catalana llevara un recurso al Tribunal Constitucional contra dicha reforma, pero los votos de Ciudadanos, PP y CiU lo impidieron. También se han alineado con la derecha en la defensa de que inmigrantes sin papeles no deben tener asegurada una cobertura sanitaria completa. El 10 de octubre de 2012, dos días antes de la manifestación españolista que se celebra cada año en Barcelona, los diputados de Ciudadanos abandonaron el Parlament en una votación sobre el franquismo. Son sólo algunos ejemplos de hasta qué punto el partido de Rivera juega a la ambigüedad en algunos puntos clave para la izquierda española.