La incómoda pregunta

Si a usted le para por la calle uno de esos periodistas impertinentes que abundan en los canales de televisión y le pide que destaque uno o dos logros importantes del actual gobierno de Pedro Sánchez, ¿qué respondería? Lo más fácil sería mencionar que Franco ya no está en el Valle de los Caídos, pero parece que la cosa va para largo. Yo creo que me quedaría en blanco (y me considero una persona razonablemente informada). Tras algunos titubeos, acaso diría que el principal logro ha sido librarnos de la corrupción del Partido Popular.

No planteo esto con mala intención, que conste. Si han leído algún artículo mío anterior en infoLibre, sabrán que acogí la moción de censura con verdadera esperanza y que el entendimiento entre el PSOE y Podemos, reflejado en el pacto de Presupuestos, es para mí lo mejor que le ha sucedido a la izquierda española en bastante tiempo.

Mi preocupación es más bien la contraria: precisamente porque lo último que deseo es que la derecha regrese al poder, quisiera que el Gobierno de Sánchez pudiera presentarse con una hoja de servicios razonablemente lustrosa que convenciera a los ciudadanos de que los partidos de izquierda pueden cambiar las cosas en la buena dirección.

Cuando Sánchez decidió aplazar la convocatoria de elecciones, me imaginé que la estrategia consistiría en aprobar cinco o seis medidas de calado político que establecieran una diferencia clara con el anterior Ejecutivo y que fueran su carta de presentación sobre lo que podría hacer el PSOE si tuviera mayores apoyos.

Lo que hemos visto en estos meses, sin embargo, es un cierto empantanamiento, empezando por los Presupuestos. Ha habido tantos vaivenes que, llegados a este punto, si consiguieran aprobarse los Presupuestos Generales del Estado, parecería una heroicidad, cuando hay que recordar que lo mínimo que cabe esperar de un Gobierno es que las cuentas anuales salgan adelante. Por supuesto que con 84 diputados tiene mucho más mérito, pero objetivamente sigue siendo poca cosa, sobre todo si recordamos que se va a mantener el techo de gasto impuesto por Rajoy. El mayor problema es que se necesita el voto a favor de los partidos independentistas y Sánchez hasta ahora ha sido tan prudente en esta cuestión, sobre todo en lo que toca a la acusación de rebelión por parte de la Fiscalía, que no está claro que la historia vaya a acabar bien. Si finalmente no hay Presupuestos, el Gobierno tendrá difícil respuesta ante quienes le exigían una convocatoria inmediata de elecciones.

Para acabar de complicar las cosas, el listado de renuncias e incumplimientos empieza a ensancharse peligrosamente, de modo que la experiencia de Gobierno de estos meses puede que finalmente no sirva para ganar las próximas elecciones. En este sentido, la “hemeroteca” de Sánchez y del PSOE supone un lastre importante.

Algunos incumplimientos y cambios de criterio pueden explicarse por la falta de apoyos parlamentarios, pero otros tienen poca justificación y erosionan gravemente la credibilidad del PSOE, profundizando en la letal incongruencia entre las promesas realizadas desde la oposición y las decisiones tomadas desde el poder.

Ciertas renuncias son indiscutibles.

Sánchez dijo en repetidas ocasiones que publicaría la lista de personas que se beneficiaron de la amnistía fiscal.

En concreto, el 22 de abril de 2015 afirmó en el Congreso: “Usted, señor Rajoy, ha vuelto a prohibir la publicación de la amnistía fiscal de los defraudadores que aprobaron en el año 2012. Le digo una cosa, señor Rajoy, publique esa lista porque, si no, lo haremos nosotros en cuanto lleguemos al Gobierno”. Eso no dependía de los apoyos parlamentarios, era una decisión ejecutiva. Sin embargo, una vez en la Moncloa, los altos funcionarios del Estado le convencieron de que no era posible hacerlo.

También aseguró en mítines y comparecencias que derogaría la reforma laboral.

Un ejemplo de noviembre de 2015 puede encontrarse aquí. En el programa electoral de 2016 figuraba este compromiso firme: “Los y las socialistas derogaremos con carácter inmediato toda la reforma laboral del PP”. No obstante, en el discurso de investidura fue más ambiguo, limitándose a anunciar “un nuevo marco laboral que permita crear trabajo estable y de calidad”. Los avances en este terreno han sido mínimos.

En septiembre del año pasado, Sánchez anunció que abandonaba la propuesta que él mismo había hecho en enero de 2018 para mejorar la financiación de las pensiones mediante un impuesto a la banca.

No todos los vaivenes se han producido en cuestiones económicas y sociales. Recuérdese la promesa de derogar la ley mordaza.

El programa electoral del PSOE era bastante claro: “Eliminar la ley mordaza y revisión urgente de las sanciones que esta ley ha agravado y el mecanismo de desjudicialización que ha introducido”.

El presidente Sánchez, en su discurso sobre los primeros cien días de Gobierno, anunció la derogación de la ley. De hecho, en noviembre de 2016, el PSOE, desde la oposición, había conseguido ganar votos suficientes para que saliera aprobada en el Parlamento su moción a favor de derogar la ley mordaza. No obstante, el Gobierno parece haber moderado mucho sus intenciones y en estos momentos el asunto ha quedado reducido a una iniciativa del PNV que se está debatiendo en una comisión parlamentaria. Veremos cuánto queda de la ley mordaza.

Debe recordarse que uno de los puntos más controvertidos de la ley mordaza es su amparo a las “devoluciones en caliente”. El PSOE de Sánchez llevó este asunto al Tribunal Constitucional en 2015; asimismo, el programa electoral de 2016 expresaba el rechazo de esta práctica. El Gobierno, sin embargo, ha continuado con las devoluciones en caliente con Marruecos a pesar de la condena del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo: la justificación para ello es que el ejecutivo del PP recurrió en su día dicha condena y estamos aún a la espera del fallo definitivo (el Gobierno actual podría haber retirado el recurso, pero no ha querido hacerlo).

En fin, incluso si resulta difícil responder a la pregunta incómoda sobre los logros del Gobierno en estos primeros seis meses, el PSOE de Pedro Sánchez debería hacer cuanto esté en su mano para que no vuelva a calar en la ciudadanía progresista la idea de que las promesas en la oposición son declaraciones sin demasiado valor.

Y, sí, ya sé que con 84 diputados no se puede ir muy lejos. Pero se suponía que Sánchez gobierna y no convoca elecciones para poner en marcha algunas iniciativas que den una idea de lo que podría llegar a hacer un gobierno progresista si tuviera mayores apoyos. Y eso, a estas alturas, está todavía por ver.