La zona cero de la gentrificación en València

La gentrificación que sufren barrios del centro de la ciudad como Russafa y Ciutat Vella supone una violencia económica que amenaza y expulsa al vecindario de toda la vida y lo sustituye por nuevas clases sociales.

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El Salto País Valencià

En el camino hasta llegar a la tienda de telas de Pilar, en plena calle Sueca, contamos seis tiendas de alquiler de bicicletas para turistas. Estamos en un barrio que pasa por un duro proceso de gentrificación y turistificación. Desde los años 2000 hasta la actualidad, los vecinos de Russafa se están viendo sustituidos por unos nuevos habitantes del barrio, siempre de una clase social más alta. Es una de las consecuencias de haberse convertido en el barrio de moda de Valencia.

La tienda de Pilar es casi un vestigio de tiempos pasados. Al llegar a la puerta podemos ver que se sitúa, literalmente, entre una tienda de alquiler de bicicletas y una inmobiliaria. En la acera de enfrente vemos dos edificios en obras, ella nos cuenta que hace nada vivían allí varios vecinos de toda la vida, pero que un fondo de inversión ha comprado sus casas para construir apartamentos vacacionales. También recuerda la tienda de ultramarinos de la esquina, donde solían fiarle, convertida hace unos años en otra tienda más de alquiler de bicis con destino turístico. Entramos a la tienda, donde Pilar nos cuenta su experiencia como afectada en el caso de Buenos Aires 31, en el año 2017. Este edificio situado en una tradicional calle de Russafa fue comprado por un gran fondo de inversión, que en cuestión de un mes expulsó a los vecinos del barrio donde se habían criado. “El problema ya no es ni siquiera que te echen de tu casa, te echan del barrio literalmente. Porque sales de ahí y no vas a encontrar un alquiler al mismo precio, lo encuentras al doble”, lamenta Pilar. Ella llevaba viviendo 15 años en ese edificio cuando le llegó el burofax que certificaba su no renovación de contrato.

“¿Que lleve 15 años viviendo en un piso no me garantiza nada?”, señala Pilar, vecina de Russafa

Otros casos, como el de Juan, son todavía más sangrantes. Él recibió una indemnización por verse expulsado (ya que no había finalizado su contrato) del piso donde nació su madre. Ahora Pilar vive en Zapadores, en la Avenida del Dr. Waksman, y es la vecina que más cerca se ha podido quedar, ya que el resto de inquilinos de Buenos Aires 31 han sido expulsados del barrio debido al aumento desproporcionado de los precios del alquiler y las molestias causadas por un barrio prácticamente invadido por los turistas.

“La gentrificación es el proceso de expulsión de los vecinos de un barrio por una masa de personas de otra clase social más alta”, explica Octavi Ruiz, miembro de la asociación Entrebarris, que aglutina todas las luchas territoriales y de vivienda de la ciudad. A unos minutos andando, en Ciutat Vella, los vecinos organizan concentraciones y caceroladas para protestar contra el Plan Especial de Protección (PEP) que el Ayuntamiento ha proyectado para su barrio. Lo consideran insuficiente para detener el proceso de turistificación que vive el casco antiguo de Valencia y sobre todo la zona de Ciutat Vella, a la cabeza en el número de apartamentos turísticos de la ciudad. Formular el problema es fácil, “el aumento desproporcionado de la cantidad de turistas supone un grave perjuicio para la calidad de vida de los vecinos”, denuncia Lluís Mira, portavoz de la asociación Veïnat en Perill d’Extinció de Ciutat Vella; la solución parece ser mucho más compleja.

Según datos extraídos de plataformas como DataHippo o València no està en venda, en la ciudad de Valencia hay actualmente alrededor de 11.138 apartamentos turísticos. Solo en Ciutat Vella y l’Eixample, donde se sitúa Russafa, encontramos el 30% de todas estas viviendas. Estos dos barrios se sitúan en cabeza, junto a Poblats Marítims, en el número de apartamentos turísticos anunciados en plataformas como Airbnb, Homeaw, Houset o Region, entre otros. Aún así, estos datos no son oficiales y están sacados de los registros de las propias webs inmobiliarias.

Según Rafael Rubio, coordinador General del Área de Desarrollo Urbano y Vivienda del Ayuntamiento de Valencia, “todavía no existen datos reales sobre los apartamentos turísticos en barrios como Russafa o Ciutat Vella, aunque sabemos que el número de apartamentos turísticos registrados y legales no concuerda con el número de apartamentos efectivos”. El propio Rubio señala que alrededor del 41% de los apartamentos que sí que figuran en estas plataformas podrían encontrarse en situación irregular. Achaca esta falta de datos reales a la reciente aplicación, en septiembre de 2018, de la Ley de Turismo, Ocio y Hospitalidad de la Generalitat Valenciana, que obliga a llevar a cabo un informe a las plataformas antes de registrar un inmueble como vivienda turística.

Según los datos de las plataformas inmobiliarias, en Ciutat Vella, una de cada diez viviendas del barrio está publicitada en Airbnb, y en Russafa

A pesar de la falta de datos oficiales, la realidad es que la gentrificación en Valencia está siguiendo el mismo camino que el de ciudades como Madrid o Barcelona. Según los datos de las plataformas inmobiliarias, en Ciutat Vella, una de cada diez viviendas del barrio está publicitada en Airbnb, y en Russafa, el porcentaje está entre el 7% y el 10%. Esta situación, que se está comenzando a extender por más barrios de la ciudad, ha provocado una subida del precio medio del alquiler. Según datos extraídos del portal inmobiliario Fotocasa, el precio medio para arrendar una vivienda ha subido un 45% desde el año 2014, y un 10% tan solo el año pasado. En 2017 tuvieron lugar 1.096 desahucios en toda Valencia, de los cuales un 75% fueron derivados del impago del alquiler. Aunque no existen datos oficiales, estas expulsiones de gran parte del vecindario son invisibles y se están dando con mayor fuerza aún en los barrios del centro que se están viendo vaciados de residentes, Ciutat Vella y Russafa.

Russafa se muere de éxito

La manera más habitual de expulsión en Russafa es el aumento del precio del alquiler. “O eso o que directamente el propietario no te renueve porque ha decidido vender la vivienda a un fondo de inversión”, lamenta Octavi, portavoz de la asociación Russafa Veïnal. Los datos hablan por sí solos, l’Eixample se ha convertido en uno de los barrios más caros de toda España en cuanto a precio por metro cuadrado. El caso del barrio de Russafa destaca por ser víctima de dos procesos a la par, el de gentrificación y el de turistificación, ambos derivados del crecimiento inmobiliario. Para la portavoz de la Plataforma per Russafa, Inma Bauset, el barrio ha pasado por cuatro etapas hasta llegar a la situación actual: abandono, estigmatización, regeneración y mercantilización.

En el principio de los 2000, Russafa vivió una ola de inmigración que pobló el barrio. Aunque los vecinos se vieron abandonados por el ayuntamiento en un distrito cada vez más conflictivo, volvieron a ver cómo se tejían relaciones sociales entre la comunidad. Pero tras la crisis, el barrio comenzó a revalorizarse y los residentes empezaron a ser expulsados, hasta llegar a la situación actual. “El proceso de gentrificación ha sido rapidísimo, en la calle Sueca hay otro edificio para turistas en construcción, en Dénia y en Cádiz, dos más… La gente se ha encontrado en esta situación sin saber muy bien qué hacer más que plantearse dónde están los derechos de los inquilinos. ¿Que lleve 15 años viviendo en un piso no me garantiza nada?”, señala Pilar, quien advierte que el barrio de Russafa está cambiando a marchas forzadas. A pesar de estas señales, desde la asociación Russafa Veïnal denuncian que el Ayuntamiento de Valencia no ha declarado el barrio de Russafa como una Zona Turísticamente Saturada, sin tener en cuenta las continuas peticiones de los vecinos. En esta línea, el consistorio tampoco ha diseñado un plan de acción en el barrio como sí lo ha hecho en otros distritos como Ciutat Vella o el Cabanyal. “Nosotros vemos que en los últimos años no ha sido una prioridad para el gobierno del cambio reparar este problema, Russafa se ha puesto en venta y no se han dado los mecanismos para pararlo. Es un gran problema”, denuncia Octavi.

No puede ser que la vivienda esté dentro del mercado a precios abusivos; mediante mecanismos que se han llevado a cabo en otros lugares podemos rebajar aquí el coste de los alquileres

Tanto el Consistorio como las asociaciones de vecinos están de acuerdo en la necesidad de una regulación de los alquileres para los barrios más afectados de Valencia. La principal herramienta puesta sobre la mesa son los índices de referencia, mecanismos para calcular el precio máximo de alquiler que se debe establecer en cada barrio. “No puede ser que la vivienda esté dentro del mercado a precios abusivos; mediante mecanismos que se han llevado a cabo en otros lugares podemos rebajar aquí el coste de los alquileres. Pensamos que si no se hace esto en Valencia tendremos un problema todavía mayor”, señala el portavoz de Russafa Veïnal. Para Rafael Rubio la medida no es tan sencilla de aplicar, sino que hacen falta unos mecanismos de cumplimiento para que la ley se lleve a cabo: “Estamos de acuerdo en que hace falta un decreto de alquiler que establezca los índices de referencia, pero además de esto es fundamental que tenga un carácter coercitivo para vigilar que los arrendadores no se salten la ley”. Por otra parte, el coordinador General del Área de Desarrollo Urbano y Vivienda establece otra parte del debate en cuanto a los precios. “Hay que pensar que la capacidad de generar ingresos de la gente ha bajado durante la crisis y hoy en día hay más problemas para adquirir vivienda porque el nivel de sueldos no da para que la gente se independice”. La prioridad del Consistorio, según Rubio, es asegurar que los barrios del centro continúen siendo habitables, a pesar de la escasez de viviendas residenciales, y en medio de una situación difícil de legislar.

El problema de las terrazas y la hostelería, que está profundamente ligado a la turistificación del barrio, es otra losa para los vecinos. “Russafa ya hace tiempo que se está muriendo de éxito, es lo que tiene ser el barrio de moda de Valencia”, declara Octavi, de la asociación Entrebarris, para ilustrar un problema, el de la regulación de las terrazas, que afecta al día a día de los residentes del barrio. “En Russafa hay calles que se han convertido en una enorme mesa, en la calle Dénia, por ejemplo, a pesar de ser peatonal, hay tramos en los que apenas tienes metro y medio para pasar andando”, lamenta Inma Bauset. En este tema, los vecinos se posicionan a favor de una regulación y un control más estrictos sobre la hostelería, un sector que ya hace tiempo que domina el barrio. Desde Russafa Veïnal, denuncian lo que ellos llaman “la privatización del espacio público”. La ocupación de las terrazas en una calle peatonal, que limita seriamente el espacio para la circulación de personas, se ha convertido en algo habitual en el barrio.

La unión de estos dos procesos ha dado como resultado, según denuncian los vecinos, la creación de un barrio “para turistas”, donde los residentes han pasado a un segundo plano, para dar mayor espacio al negocio turístico. “En realidad en el barrio lo que más me ha influido es el cambio de la gente. Solo queda una vecina que yo conozca en esta calle, porque mucha gente ha sido expulsada o simplemente se han ido cansados de tener un apartamento turístico en el piso de arriba, o del ruido de las terrazas cada noche”, señala Pilar. “Esto no es turismofobia, simplemente pensamos que si vas a convertir el barrio en apartamentos turísticos, ofreciéndole además al turista una experiencia de barrio, no va a quedar nada de barrio al final. No va a quedar nada”.

Ciutat Vella, de cartón piedra

El barrio de Ciutat Vella, situado en el casco antiguo de la ciudad, es el distrito con más viviendas en alquiler turístico de toda Valencia, con 2.569. El problema del casco antiguo de la ciudad, al contrario que en Russafa, es la turistificación de sus calles, con la máxima expresión en el barrio de Sant Francesc, un distrito “totalmente ‘tercializado’ en palabras de Rafa Rubio. Para los vecinos, este proceso comenzó hace una década, sobre todo con el crecimiento de la burbuja inmobiliaria anterior a la crisis, pero no fue hasta hace poco cuando empezaron a notar un crecimiento mucho más rápido del turismo. Según Lluís Mira, portavoz de la plataforma Veïnat en Perill d’Extinció, los efectos sobre el vecindario han sido varios: “Nos hemos dado cuenta de que el turismo ha aumentado muchísimo estos últimos años y eso ha minado la calidad de vida de los residentes, sobre todo porque han cerrado los negocios de proximidad —lo que nosotros llamamos ‘tiendas de toda la vida’— y sobre todo los precios han subido muchísimo, aquí una cerveza te puede costar tres euros y medio fácilmente”. Por supuesto, Ciutat Vella es uno de los distritos de Valencia donde más han aumentado los alquileres.

Quedarse a vivir en Ciutat Vella es hoy una misión prácticamente imposible por varios factores. Para Lluís Mira, las causas de la expulsión del vecindario son varias. “Hay mucha gente expulsada por la subida de los alquileres, que es un efecto directo del turismo, pero yo no diría que es la causa fundamental de las expulsiones. Conocemos muchos casos de gente que, cuando tiene el segundo hijo, cambia de barrio y se va a otro con más parques, colegios, instalaciones deportivas… Es como una especie de autoexpulsión”. Aunque desde el consistorio aseguran que se está trabajando para fomentar las viviendas residenciales en el barrio, la percepción de los vecinos es otra. “La llegada masiva de turistas al barrio ha afectado mucho a las relaciones sociales entre los vecinos de toda la vida. Si la gente en la que confío para cuidar de mi hija en una urgencia desaparece, se nos va a quedar un barrio muy bonito, pero de cartón piedra, sin gente viviendo dentro”, lamenta Paula, una vecina del barrio.

Actualmente los vecinos de este distrito están en pleno proceso de alegaciones para la aprobación del PEP (Plan Especial de Protección) de Ciutat Vella, que tiene como objetivo paralizar la concesión de licencias turísticas y fomentar la ‘residencialidad’ en el barrio. Para Lluís Mira, este plan “promueve la turistificación y es una desprotección absoluta para los vecinos”. Bajo la plataforma, los vecinos del barrio llevan algo más de un año organizando caceroladas y protestas contra un plan que han acabado por llamar coloquialmente ‘Timo PEP’. El Plan, proyectado para el próximo año, establece una gran cantidad de viviendas como excepciones, y abre una puerta trasera a las inmobiliarias para que puedan dedicarlas al alquiler turístico. En concreto, más de 50 edificios singulares, que el consistorio no considera viables para su uso residencial, y 70 licencias que quedaron en trámite durante la elaboración del PEP. “Un ejemplo de la hipocresía de las instituciones es decir que Ciutat Vella está protegida y declarar ‘hotelizable’ un tercio de su superficie”, denuncia Lluís Mira. Por otro lado, desde el consistorio se van a establecer medidas para fomentar la ‘residencialidad’, como que las viviendas dedicadas al alquiler con fines turísticos no puedan ser empleadas más de 60 días. Medidas que el vecindario considera insuficientes.

Un nuevo modelo de ciudad

El efecto del turismo y la gentrificación no es un problema presente tan solo en los barrios del centro de la ciudad. Distritos como Benimaclet, els Orriols, la Saidïa, el Cabanyal, la Fonteta o el Castellar-l’Oliveral están comenzando a presentar expulsiones de vecinos debido al aumento de los precios del alquiler, según la plataforma València no està en venda, que recoge las luchas de todos los distritos de la ciudad. Desde el consistorio señalan la dificultad de regular un sector con poco tiempo de existencia, según Rafa Rubio, “lo que se está intentando es establecer pautas para la economía colaborativa, que es un mercado relativamente nuevo, por tanto costará años hasta que se regule y se normalice”. Desde las plataformas vecinales se muestra una visión similar del problema, para Octavi Ruiz, portavoz de Entrebarris, “el consistorio ha visto el problema tarde; cuando ha querido darse cuenta, este ya se los había comido, no existe la concepción de que Valencia tenga un problema similar al de las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, pero sin duda vamos camino de eso, y hasta última hora no se han dado cuenta de que la situación es preocupante”.

Las plataformas vecinales, englobadas en València no està en venda, coinciden en que ni el territorio ni la vivienda deben ser una mercancía en beneficio de unos pocos y en perjuicio de la mayoría, sino que deben ser un derecho de las personas y un bien común a gestionar. Regular los efectos del turismo es un reto que afecta a todo el modelo de ciudad y que se debe llevar a cabo mediante la voluntad política de limitar la entrada de grandes fondos de inversión en nuestras viviendas. Desde Entrebarris destacan la necesidad de revertir una situación muy avanzada en algunos barrios. “Que una persona que ha vivido toda su vida en Russafa se haya tenido que ir a otra zona porque no puede pagar el alquiler es un drama social que no puedes revertir. Pero sí que puedes revertir cómo es el barrio y cómo lo construyes, porque al final ya no es una cuestión de Russafa, es una cuestión de Valencia ciudad. Cuando decidamos qué modelo de ciudad queremos y si ese modelo va encarado a las necesidades de las personas que viven en ella, todo cambiará”.