Machismo permanente revisable

Ahora resulta que PP no significa Partido Popular, sino Prisión Permanente, al menos es lo que se deduce de la propuesta del Gobierno para seguir alimentando el miedo y la solución conservadora habitual, que pasa por hacer confundir tranquilidad con seguridad, una estrategia muy rentable para mantener la fidelidad de quienes temen a lo divino y a lo humano.

Los partidos conservadores siempre generan la sensación de amenaza a través del discurso del miedo, y luego proponen medidas de control social que tranquilizan para generar la sensación de que hay seguridad. Y cuando están en la oposición hacen lo contrario siguiendo con el recurso al miedo; generan intranquilidad (hablan de los inmigrantes como amenaza, de la juventud incontrolable, de las reivindicaciones sociales como ataque…) y la presentan como inseguridad.

La ampliación de la prisión permanente revisable no es diferente a esa estrategia, aunque sí supera los límites que nos habíamos dado hasta ahora, y refleja el modelo de convivencia que hay en la base de todas estas iniciativas, que es el que debemos cambiar.

Son varias las cuestiones que se deducen  del planteamiento de la prisión permanente revisable, pero se pueden concretar en cuatro.

1. Instrumentalización de la víctimas

De nuevo se utiliza el dolor de las víctimas para mover a la compasión y conseguir el apoyo a su iniciativa que confunde tranquilidad con seguridad. Ya ocurrió con las víctimas del terrorismo bajo el mensaje de que “cualquiera podía ser víctima de un atentado”, y ahora lo vuelven a hacer al decir que “cualquier niña o joven podría ser Mari Luz, Marta del Castillo, Diana Quer…”.

2. Falacia de la no reinserción

La justificación moral de la medida de prisión permanente revisable se establece sobre el argumento de que se trata de criminales que al terminar el cumplimiento de su pena no están rehabilitados, y que pueden volver a delinquir. Y para ello recurren a los casos de violencia machista por su gravedad, proximidad y frecuencia para asegurar un importante apoyo a su decisión. Se trata de un argumento falaz porque no se puede reinsertar a nadie sin haber aplicado medidas adecuadas para conseguirlo, lo mismo que no se puede curar a una persona sin aplicar el tratamiento necesario, no una serie de medidas aisladas o durante un tiempo insuficiente. Lo que realmente hace falta es contar con programas de reeducación de calidad desarrollados en la forma y durante el tiempo que requieren los distintos casos, y luego continuarlos fuera de prisión, que es hacia donde hay que legislar para hacerlos viables. Y junto a la reeducación sobre los hechos ocurridos hay que trabajar en la prevención a través de la educación dirigida a erradicar el machismo, que es la principal fuente de violencia social y el factor común fundamental en los crímenes que llevan a la prisión permanente revisable.

3. Carácter punitivo

La inmoralidad de la estrategia planteada, a pesar de que el razonamiento que se utilizó fue que la medida pretende prevenir los nuevos crímenes que pudieran cometer los delincuentes no reinsertados, se descubre al comprobar que ahora incluye delitos por la forma de cometerse, sin nada que ver con la situación de los agresores ni con si se han reinsertado o no. Esta situación demuestra que su objetivo principal es punitivo para tranquilizar sobre el dolor, no preventivo para mejorar la convivencia.

4. Falacia de la prevención

El endurecimiento de las penas, como es la prisión permanente revisable, podrá ser legal, pero no eficaz. No incide en la criminalidad, ni siquiera la pena de muerte lo hace. Pensar que uno de estos criminales actúa pensando que lo van a detener y a condenar, y que por tanto su conducta va a depender de la pena, es no conocer nada de criminalidad.

Este hecho de nuevo demuestra que el objetivo es la confusión y la instrumentalización de las víctimas, al hacer creer que con la prisión permanente revisable se habrían evitado los casos que se toman como ejemplo de la necesidad de la medida, cuando no es cierto. La prisión permanente revisable del asesino de Mari Luz no habría evitado el crimen de Marta del Castillo y la prisión permanente revisable de los asesinos de Marta tampoco habría impedido el asesinato de Diana Quer.

El problema no está sólo en cada uno de los asesinos, sino en los factores comunes a todos ellos que hace que siempre haya un asesino dispuesto a actuar.

El objetivo de quienes defienden la prisión permanente revisable no es evitar la criminalidad, sino la de tranquilizar al hacer que unos pocos asesinos paguen mucho mientras otros siguen actuando bajo las mismas circunstancias sociales y culturales que influyeron en que los condenados actuaran en un momento determinado.

La medida no funciona, pero permite que los responsables políticos puedan continuar con el discurso del miedo.

El fin último de la política debe ser evitar que haya víctimas, no impedir que unos pocos criminales que supuestamente van a reincidir (sin haber hecho lo suficiente para que no lo hagan), no lo puedan hacer. Y todo mientras otros continuarán o comenzarán a hacerlo en una sociedad que normaliza el uso de la fuerza y la violencia contra quien considera diferente e inferior, pues la condición del poderoso no sólo se entiende como superior, sino que también se ve como mejor. Y esta construcción está enraizada en el modelo machista de sociedad.

Si queremos acabar con la criminalidad hay que trabajar en la prevención a través de la educación, el desarrollo de políticas de integración, la atención y respuesta a los factores y circunstancias de riesgo, la detección y abordaje de problemas y conflictos, una política económica que contribuya a la justicia social, trabajos dignos…

Detrás de ese modelo jerarquizado de poder basado en el abuso de quienes están en posiciones inferiores para acumular más poder, está el machismo, por eso lo que hay que revisar es el machismo permanente que tenemos, y adoptar las medidas necesarias para erradicarlo.

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Miguel Lorente Acosta | Médico y profesor en la Universidad de Granada y fue delegado del Gobierno para la violencia de género