200.000 votantes en juego y otras claves sobre por qué Ayuso se niega a cerrar el interior de los bares con la incidencia al alza

  • La candidata conservadora lleva toda la crisis sanitaria construyéndose una especie de imagen de salvadora del sector frente a una izquierda empeñada, según ella, en destruirlo
  • Aunque todavía no ha arrancado oficialmente la campaña electoral, los bares y los restaurantes se han convertido en parte de la iconografía alrededor del PP

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, en uno de los restaurantes históricos de la capital // CM

El progresivo incremento de los contagios ha vuelto a situar al sector de la hostelería en el centro del debate político. Sin embargo, solo Navarra ha decidido dar un paso al frente para intentar cortar las cadenas de transmisión imponiendo restricciones a este tipo de locales. La semana pasada, el Ejecutivo regional decretó que a partir del próximo jueves el interior de los bares, restaurantes y cafeterías permanezca cerrado. Lo hacen ante el “repentino e inesperado” repunte de casos. Una incidencia acumulada al alza que también está golpeando con fuerza a Madrid.

La región presidida por Isabel Díaz Ayuso es, en estos momentos, la segunda –sin contar las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla– con una situación más delicada: 255 de IA, a lo que se añade una ocupación de camas UCI superior al 35%.

Sin embargo, el Ejecutivo regional ya ha dejado claro que no piensa meter mano a la hostelería, un sector que antes de la pandemia daba trabajo en la región a algo más de 200.000 personas. Y menos ahora, a las puertas de una campaña electoral en la que los bares y restaurantes se han convertido en uno de los ejes fundamentales del relato construido alrededor de la dirigente conservadora.

La pasada semana, la propuesta del Ministerio de Sanidad de actualizar de la mano de las comunidades autónomas el famoso semáforo covid llevó al Gobierno madrileño a volver a cerrar filas en torno a este sector y a dejar claro, una vez más, que no piensa restringir más su actividad. “No hay que tratar de estigmatizar siempre a la hostelería como el único punto en el que se producen estos contagios. Nosotros vemos que esa medida no va a ser útil para el control de los contagios y, por lo tanto, vamos a estar en contra”, decía el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, durante una entrevista en el programa 120 Minutos de Telemadrid. En la misma línea se posicionaba el alcalde de la capital y portavoz nacional del PP, José Luis Martínez-Almeida: “Lo que hay que hacer es dejar trabajar a la hostelería”. Ambos se pronunciaban con esa contundencia pocas horas antes de que la Comisión de Salud Pública diese su visto bueno al nuevo documento, que simplemente establece el cierre de los bares, restaurantes y cafeterías como una recomendación en un escenario de alerta alta o muy alta.

Si el Ejecutivo de Díaz Ayuso ha rechazado por activa y por pasiva adoptar medidas severas en este tipo de establecimientos cuando la pandemia estaba a niveles estratosféricos, mucho menos lo hará ahora, a las puertas de unas elecciones en las que la hostelería ocupará buena parte del mensaje de la presidenta regional.

Al fin y al cabo, la candidata conservadora lleva toda la crisis sanitaria construyéndose una especie de imagen de salvadora del sector frente a una izquierda empeñada, según ella, en que “la gente se muera de hambre y de miseria y sea dependiente de las subvenciones”. “Conmigo no cuenten para arruinar a la hostelería y los autónomos de Madrid”, decía a comienzos de febrero en la Cámara regional la ahora candidata conservadora. Frase que ha repetido una y otra vez como argumento para confrontar cualquier medida que fuera planteada desde el Ministerio de Sanidad.

Desde la Puerta del Sol se han encargado de moldear este relato a base de declaraciones públicas o actos de reconocimiento al sector, como el que celebraron con las patronales en la sede del Gobierno regional a comienzos de noviembre. Hace unos meses, fue lanzada desde Génova con este discurso a la caza del voto en Cataluña, aunque no tuvo mucho éxito. Ahora, buscan explotarlo al máximo de cara a los comicios autonómicos del próximo 4M. La intención la dejaron clara desde el mismo momento en el que Ayuso anunció el adelanto electoral. “No puedo aceptar que suban los impuestos, que entren a adoctrinar en los colegios, que cierren los comercios y la hostelería o que destruyan el tejido empresarial de Madrid”, apuntó la presidenta en su declaración institucional. Unos días después, era recibida entre vítores en Ifema durante la inauguración del Hospitality Innovation Planet, la feria de la innovación de este sector.

Los votantes de Cs, a favor

Desde que la nueva cita con las urnas se convirtió en una realidad, restaurantes, bares y cafeterías se han convertido en parte de la iconografía que la formación conservadora traslada a medios y redes sociales. El pasado jueves, sin ir más lejos, la propia Ayuso visitaba el histórico restaurante Lhardy, en el centro de la capital. No hay encuestas, por el momento, que permitan identificar claramente si existe un entusiasmo generalizado del sector alrededor de la líder del Gobierno regional que vaya más allá de unos cuantos carteles de apoyo colocados en locales de la capital y difundidos a través de Twitter o Facebook. Sí que hay, no obstante, estudios recientes a nivel general. Uno realizado por DYM para 20minutos ponía de manifiesto hace justo una semana que el 51,5% de los madrileños aprobaban que la región fuese más flexible que otras en la apertura de la hostelería, frente al 39,3% que no.

Por recuerdo de voto en la última cita con las urnas, los que más respaldan esta política son los electores del PP, seguidos por los de Vox: 86,8% y 83,3%, respectivamente. Son interesantes también los resultados entre los votantes de Ciudadanos, en tanto que es un caladero de sufragios en el que también pretende pescar Ayuso: un 66,5% lo aprueba. Incluso dan su visto bueno a esta estrategia casi uno de cada tres socialistas. Cala, por tanto, entre la extrema derecha, la derecha y el centro liberal, a tenor de este sondeo, el discurso lanzado desde la Puerta del Sol y construido sobre la idea de que los bares no son, ni mucho menos, un foco de contagio. “Durante todos estos meses, no se ha generado ni un solo brote en un establecimiento de hostelería de la Comunidad de Madrid”, insistía la semana pasada en una entrevista televisiva el director de campaña de la presidenta, Alfonso Serrano.

Incidencia de 200 desde diciembre

Muchos epidemiólogos y el propio director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes), Fernando Simón, coinciden, sin embargo, en que el cierre al menos del interior de bares y restaurantes es la medida que más ayuda a cortar la transmisión del virus, si se descarta un confinamiento estricto. La ausencia de brotes detectados en la hostelería –según Serrano– no implica que no se produzcan: los rastreadores no pueden seguir una cadena de contagios entre desconocidos, por lo que se infranotifican los casos en este tipo de ámbitos.

Diversos estudios tanto nacionales como internacionales han demostrado que estos espacios, en los que la ventilación puede ser insuficiente y los comensales se quitan la mascarilla, son el escenario ideal para la difusión del virus por aerosoles.

El pasado viernes, la Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, compuesta por los directores de Salud Pública autonómicos y el Ministerio de Sanidad, dio el visto bueno a una nueva actualización del documento de Actuaciones de respuesta coordinada para el control de la transmisión de covid-19El texto “recomienda” –insiste Sanidad en que no impone– cerrar el interior de los bares cuando se alcance un nivel de alerta “alto”, que entre otros criterios implica superar los 150 casos de incidencia acumulada a 14 días. Elaborado por los técnicos y con el visto bueno de estos cargos intermedios, solo falta el ok definitivo de los consejeros en una nueva reunión del pleno del Consejo. Sin embargo, esta misma propuesta ya fue tumbada por el mismo órgano en octubre. Se filtró un borrador que establecía la clausura de estos espacios, que en una revisión posterior se quedó en un genérico “se deberá valorar”. Esta versión, del 22 de octubre, fue la que finalmente se aprobó y la que, hasta el momento, sigue en vigor. La actualización está disponible aquí.

En caso de aprobarse, buena parte de los núcleos urbanos ubicados en suelo madrileño se encontrarían por encima de esa incidencia. Móstoles, Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada, Getafe o Parla se encuentran ahora mismo en un nivel de alerta alto. Seis municipios que forman parte de un cinturón rojo en el que el PP tratará en campaña de pescar votos obreros escudándose en unos datos económicos que, según su relato, han conseguido salvar con su política de mínimas restricciones. En la misma situación se encuentra toda la capital.

No hay distrito que esté por debajo de los 170 casos por 100.000 habitantes.

Una evolución epidemiológica a la que miran con preocupación desde un sector que representa el 7% del PIB de la Comunidad de Madrid y que hasta la llegada de la pandemia aglutinaba más de 30.000 locales en la región y que empleaba a unas 200.000 personas. Votante puro de cara al 4M.


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