El derecho humano al agua, amenazado

  • “El 22 de marzo es el Día Mundial del Agua declarado por Naciones Unidas. Este año se dedica al ‘valor del agua'”
  • “Hay que recordar que el agua y el saneamiento son derechos humanos para la ONU desde 2010. Para garantizarlos, en Madrid hay una campaña en marcha”
  • “Hace tiempo que el agua está el punto de mira de las políticas neoliberales. Directivos de grandes multinacionales expresan con brutalidad que el agua no es un derecho humano y que debería privatizarse”

Imagen de archivo./ Pixabay

El 22 de marzo es el Día Mundial del Agua declarado por Naciones Unidas. Este año se dedica al “valor del agua” y la campaña #Water2me busca dar a conocer su importancia vital y la necesidad de aportar soluciones para protegerla y conservarla. Porque hay dos grandes amenazas sobre el agua: el cambio climático y la ofensiva privatizadora.

No hace falta que veamos a la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena de una playa para saber que el mundo en el que vivíamos se ha terminado. El cambio climático avanza galopante y golpea al agua, un bien esencial siempre, y más aún en tiempos de pandemias. La actual crisis sanitaria del coronavirus pone de manifiesto que la salud pública depende también de la higiene y del acceso al agua potable y al saneamiento.

La comunidad científica internacional lo viene advirtiendo: el proceso de calentamiento y de cambio climático tiene importantes repercusiones en el ciclo del agua. Se expresa a través de fenómenos meteorológicos extremos: grandes sequías e inundaciones, olas de calor y terribles incendios, inmensas nevadas, deshielo acelerado, etc. Si se hace un repaso de situaciones catastróficas recientes, vemos que las cosas van demasiado deprisa. Megaincendios en California y en Australia, con temperaturas por encima de los 50ºC. En la Antártida se han alcanzado temperaturas de 20ºC, cuando debería de estar bajo cero. La insólita gran nevada en Texas ha dejado al descubierto la falta de preparación de EEUU para hacer frente a estas situaciones. En nuestro país, sucesivas borrascas y DANAS vienen destrozando importantes zonas del litoral levantino, llevándose playas, paseos marítimos y construcciones. La lista de desastres es demasiado larga.

La radicalización de estos fenómenos reduce la disponibilidad de agua. Las altas temperaturas producen una mayor evaporación, la reducción de la pluviosidad y sequías prolongadas, que refuerzan la tendencia a la desaparición de lagos y masas de agua; las lluvias torrenciales dificultan el aprovechamiento del agua por las riadas; se acelera el deshielo de los casquetes polares y de los glaciares de montaña.

En resumen, en los escenarios climáticos más previsibles, todo apunta a que va a llover menos, de forma más violenta y que el agua se evaporará más rápidamente. La conclusión de todo lo anterior es la tendencia a que haya menores recursos hídricos y que su disponibilidad sea menos predecible con lo que esto conlleva. La reducción del agua potable aumentará las tensiones sobre su uso y propiedad y hará que sean frecuentes las restricciones, especialmente en las grandes ciudades, y los conflictos sociales.

Las previsiones por el menor volumen y calidad del agua, son pavorosas: se calcula que hacia 2050 la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua. Por ello es apremiante declarar la emergencia climática.

España, es un país especialmente vulnerable y se viene produciendo una disminución de los recursos hídricos. Según el Ministerio de Medio Ambiente, se han reducido un 14,3% los aportes en el período 1996-2006 respecto a la media del período del siglo y medio anterior. Y en cuencas como la del río Segura, ha sido de un 40%. La situación será insostenible si se reducen las aportaciones, no disminuye el consumo y se incrementa el agua de regadío en la agricultura. En el país hay 4 millones de hectáreas en regadío, que consumen el 80% del agua total, y se quiere incrementar el regadío en otras 400.000 hectáreas.

De ahí que, en paralelo a la lucha contra el calentamiento global y para evitar el colapso hídrico, sea necesario un nuevo modelo de gestión pública del agua que asegure su sostenibilidad y que debe ser transparente y participativo.

Entre las medidas urgentes está la aplicación de planes de ahorro, el freno a nuevos regadíos y su modernización y progresiva reducción; la paralización de embalses y trasvases; el cumplimiento de las Directivas europeas en materia de lucha contra la contaminación; y el fomento del consumo del agua del grifo, como una de las formas más inteligentes y ecológicamente sostenibles de utilizarla.

Hay que recordar que el agua y el saneamiento son derechos humanos para la ONU desde 2010. Para garantizarlos, en la Comunidad de Madrid está en marcha una campaña apoyada por numerosas organizaciones ecologistas, sociales, vecinales y sindicales. Su objetivo es implementar estos derechos a través de una ley del Mínimo Vital, la prohibición de los cortes de suministro a los hogares y personas vulnerables, y su oferta obligatoria en los espacios públicos y comunes. Los partidos políticos progresistas deberían recoger estas propuestas en sus programas para las elecciones autonómicas del 4 de mayo.

Hace tiempo que el agua está el punto de mira de las políticas neoliberales. Directivos de grandes multinacionales expresan con brutalidad que el agua no es un derecho humano y que debería privatizarse.

La última medida en esta dirección, es la salida a bolsa del agua en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street, lo que abre la puerta a la especulación sobre el agua. Por ello, es fundamental la implicación ciudadana para que no se mercantilice con ánimo de lucro y para que se adopten medidas destinadas a reforzar el agua como derecho humano, su uso racional, la gestión pública y una participación transparente.

Hay que evitar que las élites que dominan el mundo controlen el agua y con ella nuestras vidas. Hagan el ejercicio de imaginarse simplemente estar todo un día sin agua. Es tan esencial que debería ser impensable que seamos capaces de ponerla en peligro o de permitir que alguien nos la pueda robar. El agua, es tan indispensable para la vida que debe ser un bien común y debemos empeñarnos en su defensa.

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