El escudo social recorta las alas a los fondos buitre que buscan empresas en ruina

El blindaje de la deuda con los avales del ICO y las moratorias hipotecarias y con las trabas a la entrada en el capital de sectores estratégicos reducen el margen de maniobra de los inversores oportunistas mientras el capital riesgo pone en el punto de mira a negocios rentables y explora en las pymes.

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Carteles de liquidación por cierre en un establecimiento // EFE

A los fondos buitre se les han quedado más cortas las alas con la pandemia. Y con algunas de las recetas para enfrentarla, como varias de las incluidas en el escudo social del Gobierno, que han cortocircuitado, o cuando menos obstaculizado, algunas de sus líneas de negocio en una etapa en la que, al mismo tiempo, el foco de los inversores está comenzando a virar de la ganga a la empresa sana y a rastrear también entre los negocios minoristas.

Entre esas medidas destacan los avales del ICO, con los que casi la octava parte de la deuda de las empresas españolas (114.000 millones de un total de 941.000 en créditos vivos a fin de año) cuente con respaldo estatal del 60% al 80%, algo con un previsible efecto disuasor sobre las ventas de deuda a inversores extranjeros. En la anterior crisis los bancos se deshacían de paquetes de créditos de dudoso cobro por menos del 30% de su valor, mientras que ahora la expectativa de negocio es del doble en el peor de los casos.

El grueso de esas operaciones tiene como beneficiarios a autónomos y microempresas de menos de diez trabajadores, aunque también se cerraron casi 18.000 operaciones de financiación con empresas de gran tamaño y cerca de 48.000 con pymes de más de diez empleados.

A esa medida se le unen otras como la necesidad de autorización previa para invertir más de 500 millones, hacerse con participaciones de más del 10% o alcanzar el control en sociedades cotizadas y en sectores estratégicos, o como el fondo de rescate, mientras la moratoria concursal vigente hasta marzo dificulta la localización de empresas en apuros. No obstante, esta última suspensión genera al mismo tiempo inseguridad jurídica en forma de riesgo de morosidad al desconocer los proveedores las situaciones de insolvencia de sus clientes.

Paralelamente, las moratorias hipotecarias han reducido a niveles históricos los índices de morosidad de la banca, lo que reduce su exposición a una indigestión de ladrillo como la que se provocó en la anterior crisis al tiempo que generaba una tragedia habitacional y, al mismo tiempo, enfría las expectativas de negocio de los fondos buitre que operan con hipotecas fallidas.

Los grandes fondos de inversión mantienen su avance

“Eso puede ser un efecto secundario, pero el objetivo principal del escudo social era proteger el tejido productivo, el empleo y las rentas familiares”, indican fuentes del Ministerio de Asuntos Económicos. “Se trata de sostener a las empresas para evitar que desaparezcan y las consecuencias que eso tendría”, añaden.

Esos cortocircuitos en varios flancos en los que operaban los fondos buitre, cuyo modelo de negocio se basa en hacerse a bajo precio con el control de empresas en situación crítica y con activos tóxicos de sectores de primera necesidad como la vivienda para rentabilizarlos, ya sea explotándolos o traspasándolos una vez saneados, coincide en el tiempo con una fase de expansión de los fondos de inversión y de capital-riesgo, y también de los soberanos, cuya actividad está cambiando.

En este sentido, y según los datos de la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) destacan las tomas posición de emporios como BlackRock en entidades financieras como CaixaBank, la principal del país y de la que desde el mes pasado controla el 3,23%, o como la farmacéutica Grifols, que prepara un fármaco para la covid-19 y de la que se hizo con un 4,46% en noviembre, dos meses después de que Deria llegara al 9,16 y Thortol al 7,08.

Paralelamente, Amundi, el principal fondo europeo, controlado por el banco francés Crédit Agricole, se situaba hace unos días como el cuarto accionista de Repsol con una participación del 4,5%.

Se busca empresa rentable mientras 45.000 cierran

“Hay oportunidades de compra para los fondos por una cuestión exclusivamente financiera, ya que en una etapa de crisis las valoraciones son más bajas que en una de crecimiento, y eso eleva las expectativas para cuando el consumo se recupere”, explica David Moreno, socio director de Bagua Corporate y experto en modelos de negocio, que llama la atención sobre cómo el rastreo se dirige más hacia las firmas rentables que hacia las gangas: “Más que oportunistas buscando empresas en situación de derribo, que los hay, lo que persiguen los inversores son firmas con EBIT (resultado operativo, sin intereses ni impuestos) positivo para crecer por absorción, ya sea por falta de relevo generacional, por diferencias entre los socios o por otros motivos”.

La concentración del negocio y de las carteras de clientes estaría desplazando al ventajismo una década después, aunque la intensidad de la actual crisis, que ha hecho que el tejido productivo español cerrara 2020 con casi 45.000 empresas menos de las que operaban en él al acabar 2019, más de 1.500 de ellas medianas y grandes, según los datos del Ministerio de Trabajo, multiplica las oportunidades de encontrar saldos.

Mientras tanto, sectores como la vivienda se ven desplazados como foco de atracción para los fondos por otros como la salud, la biotecnología, la digitalización y la inteligencia artificial.

Paralelamente, un informe de Ascri (Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión, una patronal de fondos de capital riesgo) señala como ámbitos de interés para los inversores, la mitad de los cuales preveían la pasada primavera que la crisis va a generar “muevas oportunidades de negocio”, el marketing farmacéutico y la salud electrónica y, también, los “minoristas alternativos” en el campo de la alimentación.

Crece el interés por las pymes

El informe provisional sobre la actividad de los fondos en España el año pasado que este jueves difundió Ascri sitúa a la sanidad y las TIC (Tecnología de Información y Comunicaciones) como los principales focos de inversión, con mucha diferencia sobre otros ámbitos como la industria, la energía y los bienes de consumo.

Operaciones como la entrada de EQT en Idealista.com figuran en el apartado de la tecnología y no en el de la vivienda, aunque el objetivo del fondo se centra en la gestión del mercado de la segunda.

Según ese mismo informe, los fondos efectuaron el año pasado en España inversiones por valor de 5.561 millones de euros, un 39% menos que en 2019 aunque por encima de los registros de 2013 a 2017, y con las pymes como principal foco con casi 680 operaciones de un total de 765 (88,6%) y como principal sector de crecimiento; recaudaron 2.026, con un aumento de 106 pese a la pandemia y su crisis, y salieron de 223 firmas con retiradas de 1.131.

“La tendencia venía de antes y la pandemia la ha acelerado”

“Para este año se espera un aumento significativo de las operaciones de inversión y de absorción”, explica Moreno, al solaparse la actividad prevista con la suspendida en 2020 por la pandemia, que sitúa a los fondos en la tesitura de acelerar o renegociar las condiciones con quienes invierten en ellos.

Eso, en el plano cualitativo; en el cualitativo, Moreno detecta un cambio de perfil, o de hábitos, en los inversores. “Miden los impactos de las actividades porque los consumidores están más atentos”, señala, y de hecho cada vez es más frecuente que supediten las operaciones al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Y, paralelamente, las tendencias a consumir menos y en un ámbito más local les llevan a buscar nuevos nichos de negocio como los minoristas de alimentación para obtener los beneficios que les permitan recuperar las inversiones y crecer.

“La tendencia ya venía de antes, tanto en el consumo como en la inversión, y la pandemia la ha acelerado”, anota Moreno.


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