¿Hasta dónde va a llegar la precariedad en Correos?

La situación actual de la plantilla es límite. La inclusión en el Real Decreto de Jornadas Especiales del sector postal, supondría la desregulación de la jornada laboral y el régimen de descansos de decenas de miles de trabajadores.

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// Laura Carrasco Ortíz

No hay un mes en el que Correos no sea noticia. De unos años a esta parte, es la tónica recurrente. Y es que hay conflictos súbitos, “aquí y ahora”, y otros que se desarrollan en numerosas secuencias, sin que por ello dejen de ser actuales.

Los trabajadores de Correos nos encontramos en un punto crítico, debido a la pretensión de la Directiva de incorporarnos al Real Decreto de Jornadas Especiales, para contar con una plantilla ultra-flexible de lunes a domingo, al desaparecer la obligación de realizar los descansos en fin de semana. Un órdago a la grande en toda regla.

Un Real Decreto para desregularnos a todos

La Directiva considera que la pervivencia en nuestras condiciones laborales de algunos elementos del pasado como parte de la Administración, dificultan la adaptación a un sector de máxima competencia como es el de la distribución y el comercio online.

La jornada de lunes a viernes (estipulada en reparto a pie desde 2011 y provisionalmente aplicada al resto de puestos base), así como la existencia de turnos fijos y la obligación de cumplir con la prestación del servicio público postal, son vistas como palos en las ruedas, como un estorbo para seguir la estela de Amazon, el todopoderoso gigante transnacional que dicta las normas del juego.

El deterioro laboral de Correos es una constante desde hace décadas, pero como todo proceso tiene sus hitos, sus hechos diferenciales. La exclusión de Correos del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) en 2007 –desarraigándonos de la Administración Pública- o la liberalización de los servicios postales en España al año siguiente con la transposición de la Directiva 2008/6/CE de febrero de 2008, son algunos de ellos.

Esos cambios estructurales han permitido a la empresa dar un giro de 180 grados en las relaciones laborales y la cultura de trabajo. Su consigna de cabecera es “hacer cada vez, con cada vez menos”, o dicho de otra manera, aumentar las ganancias abaratando los costes. Existen ríos de tinta para documentar esta reconversión postal.

En diciembre de 2018, tuvo lugar otro acontecimiento trascendente en Correos: la firma del Acuerdo Plurianual (2018-2020) entre la empresa y los sindicatos CCOO, UGT, CSIF y Sindicato Libre, que finalmente desactivó “sobre la bocina” dos huelgas generales convocadas en plena campaña navideña. Un documento muy polémico, tanto por dejar fuera de la negociación cuestiones muy relevantes que afectan al día a día de la plantilla (ritmos y cargas de trabajo, siniestralidad y protección de la salud, ampliación de derechos relativos a la conciliación, etc), como por algunas puertas que dejaba abiertas.

Más información: Huelga indefinida // La amazonización de Correos Gessamí Forner

Una de ellas, es precisamente la que enlaza con el famoso Real Decreto. El texto recogía que: “Correos, empresa que desarrolla su actividad en un mercado de máxima exigencia competitiva, se ve obligada a prestar servicios en franjas horarias distintas a la ordinaria de 37,5 horas semanales de lunes a viernes, para garantizar su viabilidad, especialmente en sábados y domingos. (…) Correos promoverá las actuaciones legales, convencionales, organizativas y salariales que sea necesarias, con el objetivo de compatibilizar los derechos al descanso diario y semanal con el personal que preste servicios en sábado y/o domingo.”

El Acuerdo refrendado por las cuatro organizaciones sindicales mencionadas daba “luz verde” a la Directiva para buscar alternativas que garantizasen el trabajo de lunes a domingo. Ante la plantilla fue disfrazado de supresión del trabajo obligatorio en sábado. ¡Menudo Caballo de Troya! La inclusión en el RD de Jornadas Especiales fue la opción escogida por la empresa. Así lo relata CGT, el único sindicato que se negó a firmar dicho Acuerdo, en un comunicado reciente: “En marzo de 2019, el Ministerio de Trabajo a las órdenes de Magdalena Valerio tramitó un borrador para la aprobación vía Real Decreto de esta inclusión, borrador que contaba con el visto bueno de CCOO y UGT -organizaciones consultadas a nivel confederal por ser los sindicatos mayoritarios del país-. En noviembre de 2019, tras nuevas elecciones generales y la conformación de un nuevo Gobierno, el RD quedaría en modo de espera sin que, por suerte, las intenciones de la empresa hayan visto la luz… al menos hasta ahora.”

La inclusión en el Real Decreto de Jornadas Especiales podría suponer la desregulación que tanto anhelan los mandamases de Correos. Sin ir más lejos, ya no existiría obligación de descansar durante el fin de semana

Y es que la inclusión en el Real Decreto podría suponer la desregulación que tanto anhelan los mandamases de Correos. Sin ir más lejos, ya no existiría obligación de descansar durante el fin de semana, las libranzas que ahora se realizan obligatoriamente en un plazo de catorce días, pasarían a poder ejecutarse en cuatro semanas…Un Reino de la flexibilidad donde toda la plantilla rendiríamos culto a las sagradas “necesidades del servicio y la producción”.

Que se lo pregunten a transportistas marítimos, comerciantes o trabajadores de la hostelería, algunas de las actividades económicas sujetas al RD 1561/1995 sobre Jornadas Especiales.

Es la amazonización, amigos

El camino escogido para la reconversión empresarial de Correos es lo que nos ha traído hasta aquí. El actual presidente, Juan Manuel Serrano Quintana, está siguiendo con paso firme, la senda abierta por anteriores directivas. Especialmente, la del ex presidente que le precedió en el cargo, Javier Cuesta Nuín. Este sendero es la amazonización.

Si algo hay que reconocerle a la “bestia” de Jeff Bezos, es su capacidad para conquistar el concepto de futuro. Como otros grandes iconos del capitalismo (Coca-Cola, Disney, etc), ha conseguido asociar su marca con la idea de progreso y prosperidad. Lo que supone un acicate permanente que provoca intentos de emulación por parte de la inmensa mayoría de las empresas del sector.

Además, Amazon ofrece una hoja de ruta decodificada y rastreable. A lo mencionado justo antes, hay que sumarle, por un lado, una campaña de marketing espectacular e ininterrumpida que le permite proyectar de forma permanente una imagen de crecimiento sostenido, y por otro, una cultura laboral de competencia extrema entre trabajadores y con un fortísimo componente antisindical. Una amenaza social que exige un contraataque tanto a nivel laboral como institucional para ponerle freno.

La realidad no es un suma compartimentos estancos, sino un todo interrelacionado. Lo que ocurre aquí, afecta a allá. Y Amazon ejerce un enorme poder de atracción, provocando que las empresas se vean atraídas por su fuerza gravitatoria. Hablamos de un sector dominado por los bajos salarios, ritmos frenéticos y objetivos inalcanzables, falta de seguridad en el trabajo, alta temporalidad y todo tipo de prácticas abusivas, como la exigencia de una flexibilidad horaria que perjudica gravemente el derecho a la conciliación personal y laboral, la súper extensión de las horas extra “forzosas”, subcontrataciones… Pero también de todo tipo de prácticas antisindicales (incluida la represión).

Como indicaba el investigador Ekaitz Cancela en la Revista Nortes, “los bajos costes que ofrece Amazon al consumidor sólo son posibles debido al coste que carga sobre el trabajador.” Una perversa relación nacida de la economía en crisis en la que sobrevivimos buena parte de las familias trabajadoras.

Correos va emulando a Amazon en todo lo posible. Los enormes recursos destinados a marketing así lo evidencian. A finales de 2020 se conocía que la empresa pública había destinado 18.5 millones de euros a campañas publicitarias de diversa índole. Lo que contrasta con la exigua inversión en contratación y prevención, haciendo insostenible la carga de trabajo para la plantilla en activo a la vez que condena al paro a miles de empleados eventuales.

Muy preocupante resulta también el factor “Correos Express”, donde la precariedad y los falsos autónomos son señas de identidad, una fórmula más para azuzar la competencia entre trabajadores

En lo que a las relaciones laborales respecta, es cierto que en Correos no hay trabajadores llegados por ETT (como sí ocurre en el gigante estadounidense), pero un porcentaje de eventualidad que oscila en torno a un tercio del personal así como la subcontratación de cada vez más servicios y actividades, sirven para abrir toda serie de fracturas por abajo.

Muy preocupante resulta también el factor “Correos Express”, donde la precariedad y los falsos autónomos son señas de identidad. Es evidente que las altas esferas derivan recursos y carga de trabajo hacia esta filial de paquetería urgente. Una fórmula más para azuzar la competencia entre trabajadores. Al fin y al cabo, la fragmentación de las plantillas, la falta de unidad entre la gente trabajadora, es una prioridad absoluta de las patronales y los grandes empresarios, que parecen saber mejor que nosotros mismos la fuerza que somos capaces de accionar cuando actuamos como colectivo.

La hora de la plantilla

A nadie se le escapa cuál es la fisionomía nuestro mercado laboral. España se caracteriza por unas condiciones de trabajo enormemente deterioradas y distantes de la media europea, con un peso cada vez mayor de la precariedad, la temporalidad y del poder empresarial, así como por una tasa de paro estructural que presiona constantemente las condiciones laborales a la baja. Sin olvidar que la pandemia del COVID-19 no ha hecho más que profundizar todos estos problemas, aumentando la inestabilidad económica y disparando la incertidumbre de los trabajadores y nuestras familias.

El modelo Amazon o la amazonización cuenta, por tanto, con unas bases materiales sólidas sobre las que arraigar y proliferar. Entonces, ¿qué se puede hacer ante ello?

Como se suele decir, mientras hay vida, hay esperanza. Ésta se ha manifestado en Correos en forma de numerosas huelgas a lo largo y ancho del país. En las carterías, el creciente malestar ha llevado a muchas plantillas a decir “basta”. La política de reestructuraciones (recorte de secciones que aumentan la zona de reparto y eliminan puestos de trabajo) está generando desde hace años una respuesta ante la inasumible carga diaria y la imposibilidad de dar un servicio púbico de calidad. En los últimos seis meses, se han desarrollado movilizaciones en Canarias, Narón, Jerez, Cuenca, León, Almería o Sevilla. En algunos de estos lugares incluso se ha contado con unidad sindical para sacarlas adelante, aunque en general, solo CGT ha mostrado una oposición firme y consecuente durante estos años a las reestructuraciones.

Especial mención merecen Sabadell (que mantienen actualmente una impresionante y prolongada huelga indefinida) y unidades de Madrid como el distrito 38 (Puente de Vallecas) -en lucha desde 2015-. Recientemente, la cartería de Aranjuez se ha unido a esta oleada de protestas y pronto lo harán en otras zonas de Cataluña, Pamplona o la unidad de reparto de Alcorcón (Madrid).

La plantilla de Correos tenemos que decidir si vamos a permitir que nos incorporen a una normativa peor que el Convenio y el Estatuto de los Trabajadores, aceptando en silencio el horizonte dibujado por Amazon como si de un destino predeterminado se tratase

Por el contrario, el resto de puestos base (clasificación, atención al cliente,…) parecen menos reactivos a la hora de plantar cara a un proceso que, con sus particularidades, nos golpea a todos. La presión permanente para “hacer números”, acompañada por el fuerte autoritarismo que se expande entre las jefaturas intermedias, provocan un ambiente laboral intoxicado, difícil de soportar tanto a nivel físico como mental. Cada vez es más frecuente escuchar a compañeros quejarse del trato inhumano.

Hasta ahora, la partición de la plantilla en numerosos pedazos así como la falta de unidad sindical, ha impedido una respuesta común similar a la vivida en muchas carterías. La búsqueda de salidas individuales sigue siendo una opción más atractiva para muchos compañeros que consideran que el riesgo de plantar cara y luchar, es mayor que el de mirar hacia abajo y seguir tragando.

Sin embargo, y reconectando con el inicio del artículo, el destrozo que haría en la jornada laboral y nuestro régimen de descanso, la inclusión en el Real Decreto de Jornadas Especiales, podría ser el hito que sirviera de pegamento para toda la plantilla. La desregulación laboral que pretende la Directiva (y que cuenta con el beneplácito de la mayoría de organizaciones sindicales) no debería dejar a nadie indiferente.

La plantilla de Correos tenemos que decidir si vamos a permitir que nos incorporen a una normativa peor que el Convenio y el Estatuto de los Trabajadores, aceptando en silencio el horizonte dibujado por Amazon como si de un destino predeterminado se tratase. Hay que elegir entre defender con uñas y dientes nuestro derecho al descanso y la conciliación o convertirnos en riders postales. Aún podemos disputarles el futuro.

Mario Murillo / Trabajador y sindicalista de Correos.


+info relacionada: “Cabinas para llorar”: críticas a Amazon por los cubículos ‘Amazen’ contra el estrés de sus empleados – eldiario.es, 01-06-2021

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