Impunidad de rebaño

“Este principio de 2021 está convirtiendo a ficciones dramáticas como ‘Antidisturbios’ en comedias, si las comparamos con la realidad”.

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Disturbios el pasado 17 de febrero en Madrid en apoyo al rapero Pablo Hasel. Reuters / Susana Vera

Ahora que parece que vamos consiguiendo, gracias a una vacunación masiva, la inmunidad de rebaño para gran parte de la población, se nos presenta otra preocupación importante en las calles de nuestras ciudades:

La impunidad de rebaño.

Mientras para cayetanos y fascistas, Madrid es una fiesta… ilegal, ser joven y salir a manifestarte por la libertad de expresión, en la capital y en otras ciudades, te convierte en claro integrante de un grupo de riesgo.

Este principio de 2021 está convirtiendo a ficciones dramáticas como Antidisturbios en comedias, si las comparamos con la realidad.

Algunas escenas que se han vivido en tan solo unos días:

Una chica de 19 años de Barcelona sale de casa para ir a manifestarse con unas amigas por la libertad de expresión y vuelve con un ojo menos por un disparo de una bala de foam de los Mossos.

Ningún responsable dimitido ni detenido.

Joaquín Maestre, 21 años, de Linares, sale a comprar unas botas de fútbol y acaba en el hospital con 12 agujeros de perdigones en la pierna porque le ha disparado la policía con munición real.

Repito, porque es alucinante: con munición real.

Ningún responsable dimitido ni detenido.

Una chica sale a manifestarse con sus amigas en Madrid, un policía la insulta llamándola “puta de mierda” y la persigue para acabar golpeándola por detrás con la porra.

Ningún responsable dimitido ni detenido.

Un chico sale a manifestarse en Valencia, pacíficamente, y la policía carga sin mediar provocación ni ningún aviso y él acaba con la cabeza abierta de un porrazo y recibiendo patadas en el suelo.

Ningún responsable dimitido ni detenido.

Circulen, aquí no hay nada que ver. Normalidad democrática.

Impunidad de rebaño de unos antidisturbios que no hacen honor a su prefijo y de unos “Cuerpos de Inseguridad del Estado” que este gobierno de izquierdas ha sido incapaz de depurar de “casos aislados”.

Un gobierno de izquierdas que ha sido incapaz aún de derogar la ley mordaza, democratizar nuestras Fuerzas Armadas o conceder indultos, en casos que claramente erosionan nuestro sistema de libertades.

Impunidad de rebaño también de la mayor parte de los medios de comunicación.

Unos medios que avivan el fuego de los contenedores ardiendo para que el humo no nos deje ver que se protesta no sólo por la detención de un rapero por un concepto tan medieval como “injurias a la Corona”, sino también por la libertad de expresión, que está en peligro en nuestro país.

Una libertad de expresión que estos mismos medios deberían ser los primeros en defender, aunque sólo fuera por puro corporativismo o supervivencia.

Pero en nuestro país, cuando el manifestante señala la luna, el necio señala el contenedor ardiendo o enseña un adoquín.

Impunidad de rebaño del ultraderechismo y el fascismo que, estos sí, campan a sus anchas en calles, redes sociales y medios de comunicación como pollos sin cabeza y sin ninguna consecuencia penal de sus actos, gracias a la impunidad de rebaño de una Justicia que es juez y parte.

Que se falsifique un master y solo sean culpables quienes lo falsifican y su asesora/inductora, pero no la clara beneficiaria de la falsificación, o que se permita de una manera habitual la exaltación del fascismo, el saludo nazi o frases como “el judío es el culpable” en un acto público nos demuestra que, como bien dijo Iñaki Gabilondo, “la Justicia no es ciega, es tuerta; ve muy bien con un ojo, el derecho”.

Una impunidad de rebaño político-empresarial insaciable, que incluso hace negocio con las muertes en plena pandemia, pero a la que le pueden estar quedando pocas estaciones para llegar al final de su trayecto desde la estación Atocha-Constitución del 78.

Porque a pesar, o gracias a esta impunidad, los tiempos están cambiando.

Se oye cada vez más alto un murmullo, un ruido de fondo, un malestar profundo de una parte de la sociedad, cada vez mayor, que es sistemáticamente ignorada y apartada por el sistema.

Una España vaciada, de derechos, de oportunidades, de trabajo, de expectativas de futuro personales o profesionales, incluso de ojos.

España está repleta de impunidad de rebaño, pero cada vez son más las ovejas negras.


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