Informe sobre desigualdad: crecen en España los hogares sin ningún ingreso y también el número de ultramillonarios

  • Oxfam Intermón publica un nuevo informe en el que denuncia que la desigualdad que se acentuó durante la recesión no sólo no ha desaparecido, sino que ha condenado a miles de personas
  • El problema, según la organización, es que el empleo es igualmente desigual y precario y que las políticas redistributivas no funcionan de forma correcta en España

Una manifestación de Barcelona en el año 2012 contra los recortes // Oxfam Intermón

Distintas organizaciones vienen denunciándolo desde hace años: la supuesta recuperación económica no ha llegado a los hogares españoles. La recesión económica que comenzó en el año 2007 afectó, en gran medida, a las clases medias y bajas. Siete años después, en 2014, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba en el Congreso de los Diputados que España ya había salido de la crisis. El Ejecutivo, dijo, había “dado la vuelta a la situación”. “Ya hemos superado la crisis económica”, añadió también. Pero esa afirmación, en cambio, ocultaba un dato que, en 2019, demuestra que los que más la sufrieron todavía no han suturado las heridas que les dejó: una de cada seis familias de clase media cayó en la pobreza durante la crisis y no ha podido salir de ella.

Lo vuelve a denunciar Oxfam Intermón, que este lunes publica el informe Desigualdad 1 – igualdad de oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobreza [se puede consultar en PDF en este enlace]. En el documento, de 54 páginas, se denuncia, precisamente, que pese a que la salida de la crisis se ha dado en términos macroeconómicos, no lo ha hecho en las pequeñas economías. Y mucho menos, además, en las de aquellas personas que nunca han gozado de una muy buena salud económica. De este modo, apunta la organización, la desigualdad que se acentuó durante la recesión no sólo no ha desaparecido, sino que ha condenado a miles de personas. Así pues, cada vez hay más pobres en términos numéricos. Pero también sufren más apuros económicos. En el polo opuesto, los ricos son cada vez más ricos.

Y la perspectiva de futuro no es muy halagüeña. Al menos, si hablamos a corto plazo. Según estiman desde Oxfam, hacen falta más de 11 años para recuperar los niveles de desigualdad que había en España antes de la crisis económica. Todo porque no sólo hay pobres cada vez más pobres, sino también porque este estado se ha cronificado.

Aumentan en 16.500 los hogares en los que no entra ningún tipo de ingreso

“En España la desigualdad se desbocó durante la crisis y aún no hemos conseguido controlarla”, critica la organización. Y es que nuestro país ocupa el cuarto puesto en el ranking de los países más desiguales de toda la Unión Europea. Pero es que, además, somos el segundo Estado europeo —por detrás de Bulgaria— en el que la distancia entre ricos y pobres ha aumentado más. “Mientras que, en 2008, el 10% de los hogares más ricos ya contaban con 9,7 veces más ingresos que el 10% de los más pobres, en 2017 tienen 12,8 veces más”, apunta. La distancia entre unos y otros, por tanto, se acentúa.

Lo ha hecho, además, a costa del empobrecimiento de los más desfavorecidos económicamente. Lejos de la recuperación, en el año 2017 aumentaron en 16.500 el número de hogares en los que no entraba ningún ingreso. Alcanzaron, así, los 617.000. Sin embargo, los ultramillonarios aumentaron en un 4% que cada vez acapara más riqueza. “El 1% más rico tiene 24,42 de cada 100 euros de riqueza, mientras que el 50% más pobre se tiene que repartir 7 euros de cada 100”, apunta el informe.

Distribución por deciles del crecimiento de la renta bruta disponible por hogares, 2013 - 2016.

No hay movilidad: nacer en un hogar pobre condena a la pobreza

Tal y como denuncia Oxfam, el problema no es sólo que los pobres sean cada vez más pobres, sino que, además, estos están condenados a vivir de esta manera. “El impacto de la desigualdad se intensifica si no hay movilidad de ingresos, ya que las consecuencias negativas y positivas de la desigualdad se concentrarán siempre en las mismas personas”, critica el informe. Así, añade, “unas vivirán siempre las consecuencias de la pobreza y tendrán vidas más cortas, peor salud y menos oportunidades; y otras acapararán de por vida los privilegios de contar con más ingresos”.

La desigualdad española, por tanto, es inmóvil. De hecho, el nuestro es el país de la OCDE “donde es más posible seguir estando en el 20% más rico tras cuatro años” y donde “las posibilidades de seguir empobrecido superan en diez puntos la media”. Más concretamente, el 71,7% de las personas que se encuentran entre el 20% más rico de la población seguirá allí pasados cuatro años. En el lado contrario, el 65,7% de los más pobres continuarán en la misma situación una vez pase el mismo tiempo.

Y es que, con la crisis, han desaparecido las clases medias. Muchas de ellas, durante los años duros de la recesión, fueron arrastradas “al 20% más pobre de los hogares”. “La cantidad de personas ricas y en situación de pobreza disminuía desde los 70 hasta los años anteriores a la crisis. Prácticamente siete de cada diez personas formaban parte de las clases medias”, apunta el documento. Pero “la tasa de pobreza aumentó en 5,8 puntos con la recesión hasta alcanzar al 24,6% en la población menor de 65 años y sólo ha bajado 1,4 puntos”. De este modo, la sociedad se ha polarizado.

Evolución de la distribución de la población en grupos de renta (1973-2014).

Pobreza hereditaria

La situación, por otro lado, se hereda de una generación a otra. Según estimaciones de la OCDE, en España hacen falta cuatro generaciones para que una familia del 10% más pobre de toda la sociedad llegue los ingresos medios. En términos numéricos, 120 años. La razón está clara, explica Oxfam: los hijos e hijas de familias más ricas tendrán más posibilidades que los que nazcan en una familia con más dificultades económicas. La igualdad de oportunidades, por tanto, es muy limitada en nuestro país.

¿Por qué? Porque las políticas redistributivas no funcionan correctamente. “Son los países más equitativos y donde hay políticas reidstributivas más fuertes donde hay más movilidad social”, apunta el informe. En España, en cambio, “el hijo de un padre de ingresos altos ganará, al hacerse adulto, un 40% más que el de un padre de ingresos bajos”, detalla. Y es que “allí donde hay menos posiciones socialmente valoradas y mejor retribuidas, éstas tenderán a ser ocupadas por chicos y chicas de familias de mejor renta”.

La herramienta para impedir que esto ocurra es la educación. Pero tampoco funciona adecuadamente en España porque también se caracteriza por la desigualdad. Así, son los chicos y chicas más pobres los que tienen unas probabilidades más altas de abandonar el sistema antes de tiempo, condenándose, de este modo, a trabajos más precarios en su etapa adulta. “Mientras que, en 2008, los chicos y chicas del 20% más pobre de los hogares abandonan la escuela antes de obtener un título de educación secundaria postobligatoria 3,18 veces más que los que provienen del 20% de hogares de más ingresos, ahora lo hacen 11 veces más”, lamenta la organización.

Peso de cada nivel de renta sobre el abandono educativo prematuro.

¿Qué falla?

A juicio de la organización, el problema es que los hogares de rentas bajas y medias dependen de dos fuentes de ingresos: los salarios y las transferencias públicas. Pero ninguno de los dos funciona como herramienta correctora de las desigualdades. Por un lado, los primeros son muy dispares, sobre todo desde la reducción masiva de empleo que se produjo durante los años de la crisis económica, que ha dejado un sistema laboral muy desigual. Los segundos, por su parte, no funcionan. “Sin tener en cuenta las pensiones, dedicamos 6,8 puntos porcentuales menos de PIB a la protección social que Francia, 5,7 menos que Dinamarca y 2,7 menos que la media comunitaria”, apunta el documento.

Por tanto, ¿qué hacer para solucionar la desigualdad, cada vez más endémica? Apuntar, precisamente, a esas herramientas y convertirlas, por fin, en correctoras. En primer lugar, explica la organización, actuando sobre el empleo. “Recuperar el peso que los salarios tenían sobre el PIB antes del estallido de la crisis ha de ser un objetivo prioritario”, afirma. Y en este sentido, el primer paso es reducir la precariedad del empleo y aumentar, de este modo, los salarios más bajos.

Por otro lado, se debe modernizar y dotar de los fondos suficientes al sistema de protección social y, a la vez, invertir más en asistencia social. “Hay que fijar como objetivo recaudatorio alcanzar, en el plazo de tres años, la media de presión fiscal de la zona euro” ya que, en este momento, estamos a casi siete puntos de PIB por debajo.


+info relacionada: