La joven que perdió un ojo por una bala de ‘foam’ se querella contra el mosso que le disparó

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La joven herida tiene 19 años // EFE

La joven que perdió un ojo debido a una bala de ‘foam’ durante las protestas por la entrada en prisión del rapero Pablo Hasel en Barcelona se ha querellado contra el agente de los Mossos d’Esquadra que le disparó y ha pedido al juez que identifique tanto al escopetero como a su superior jerárquico y les impute un delito de lesiones.

En su querella, a la que ha tenido acceso elDiario.es, el letrado Xavier Muñoz, que representa a la víctima, acusa a la policía autonómica de actuar “de forma antirreglamentaria y contra el más elemental sentido común” por el disparo que vació el ojo a la joven. El Govern ya ha admitido la autoría policial del disparo, si bien todavía no ha anunciado si el agente ya ha sido identificado y si contra él se han iniciado acciones disciplinarias.

Los hechos se remontan el pasado 16 de febrero, el primer día de las marchas en contra del encarcelamiento del rapero. Entre las 20:30h. y la 20:45h. en la Via Augusta de Barcelona los antidisturbios de los Mossos dispararon proyectiles de ‘foam’, también llamados de precisión, para dispersar una manifestación que había derivado en altercados.

Uno de los elementos clave para el avance de la investigación será determinar si en el momento exacto del disparo se estaban produciendo disturbios y lanzamientos contra los agentes. La ausencia de incidentes fue esencial para que el juez llevara a juicio a dos agentes de los Mossos en el caso Ester Quintana, pero en otros casos la vía penal se ha cerrado al constatar que el armamento antidisturbios se empleó en respuesta a agresiones. En estas ocasiones los jueces han abierto la puerta a una indemnización de la Generalitat a la víctima por la vía administrativa.

Respecto a la joven mutilada durante los protestas por Hasel, su defensa recalca que en el momento de la lesión se encontraba “alejada del grueso de la manifestación” y junto a un grupo de viandantes y periodistas que grabaron los hechos. Resalta además que la joven estaba “lejos” del cordón formado por los antidisturbios, a unos 20 metros, y “alejada de la zona donde se podrían producir lanzamientos que causaran un riesgo a la línea policial”.

La lesión fue “consecuencia directa del disparo” de un escopetero de los Mossos, insiste la querella, que pide al juez que inste a la policía autonómica a que identifiquen al escopetero que actuó en el lugar de los hechos, así como a su superior directo, encargado de autorizar los disparos y que, a criterio de la víctima, “no supervisó diligentemente el uso de proyectiles de ‘foam’ que se estaba haciendo”. También solicita que los Mossos aporten un informe sobre el uso de balas de ‘foam’ la noche de la lesión.

Recuerda la defensa de la joven que el ‘foam’ es un “arma de precisión” que se dispara directamente al cuerpo a diferencia de las balas de goma, que rebotan contra el suelo antes de impactar en el cuerpo. El ‘foam’, abunda la querella, debe apuntarse a zonas “poco lesivas” del cuerpo, en ningún caso por encima de la zona abdominal para evitar “consecuencias desastrosas para la salud”.

Al margen de la querella de la víctima como acusación particular, el centro Irídia de defensa de los derechos humanos ha pedido personarse en la causa como acusación popular. En su querella, las letradas Anaïs Franquesa y Marta Tresserras identifican, en base a las imágenes de los hechos, a dos escopeteros de los Mossos como presuntos autores de la lesión. Las abogadas agregan que esa noche los agentes dispararon este tipo de balas “de forma indiscriminada y contraria al que marca el protocolo” y recuerdan que el propio comisario de los Mossos y portavoz del cuerpo, Joan Carles Molinero, cifró en 300 los proyectiles de ‘foam’ lanzados esa noche.

En su querella, el centro Irídia relata que entre el cordón policial y la joven herida ni había otras personas ni se estaban efectuando lanzamientos contra los agentes, lo que “permite excluir” la posibilidad de una situación de riesgo para los Mossos. Y destaca que la joven estaba de pie.

“El agente escopetero disparó a la cara con un proyectil altamente lesivo, siendo consciente que produciría lesiones graves y aceptando la posibilidad de mutilar un órgano principal, como finalmente ocurrió”, apostillan las letradas.

El proyectil de ‘foam’ es la principal munición de los dispositivos de orden público de los Mossos después de que el Parlament prohibiera en 2014 las balas de goma por el caso Ester Quintana. El ‘foam’, que recibe su nombre por el tipo de espuma con el que está fabricado, tiene 40 milímetros de diámetro y al estar hecho de material viscoelástico su impacto queda repartido entre el proyectil y el objetivo. La principal diferencia con la bala de goma es que el ‘foam’ no rebota cuando toca el suelo: al ser un proyectil de precisión, las lesiones que provoca se producen por un impacto directo en el cuerpo, y no fruto de un rebote incontrolado. Se dispara mediante un fusil de mira telescópica que incrementa su precisión.

Desde que la joven resultara mutilada el conseller de Interior en funciones, Miquel Sàmper, se ha comprometido en sucesivas ocasiones a publicar el protocolo de los Mossos sobre cómo disparar balas de ‘foam’, algo que todavía no ha sucedido a día de hoy pese a que el Parlament lo reclamó en 2019. En plenas negociaciones para formar Govern tras el 14F y tras las críticas a la actuación de los Mossos Sàmper instó por sorpresa a una revisión “urgente” por parte del Parlament del modelo de orden público de la policía catalana.

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