Las responsabilidades del fracaso de Pedro Sánchez

¿Por qué ha fracasado la investidura de Pedro Sánchez? Las razones se pueden resumir en cuatro palabras.

Costes Pedro Sánchez

La primera es un nombre propio: Iván Redondo, el jefe de gabinete de Pedro Sánchez, responsable de sus estrategias de comunicación y, por lo tanto, de las políticas. Desde el principio la estrategia de Sánchez fue gobernar en solitario, con un gobierno monocolor, gracias a la abstención de cualquier grupo parlamentario (solicitó la abstención incluso del Partido Popular y de Ciudadanos).

Todo lo que el PSOE ha hecho después de las elecciones lo ha hecho en esta clave: alcanzar la meta del gobierno monocolor o hacer que la investidura fracasara, culpar del fracaso a Podemos y volver a elecciones incrementando su consenso a costa de ellos. Las negociaciones quedaron atrapadas en esta estrategia de comunicación.

Para los socialistas, la guerra del consenso contra los competidores de izquierda valía más que un gobierno. Sánchez, bajo la guía de Redondo, primero rechazó un gobierno de coalición, luego dijo que Iglesias no debía estar en el gobierno. Cuando Iglesias se retiró, presentó propuestas que anunciaban una presencia casi decorativa de Podemos, con pocos ministerios menores y sin capacidad de gasto. Propuestas hechas para ser rechazadas.

Cada movimiento político de Sánchez ha sido un movimiento comunicativo, funcional para lograr el efecto retórico y discursivo que se había impuesto. En España, como en un número creciente de sistemas políticos, la dimensión comunicativa incorpora y engloba a la dimensión política.

La segunda palabra es Trabajo. Trabajo como Ministerio de Trabajo. La ruptura entre el PSOE y Unidas Podemos se produjo ante la negativa socialista a otorgar a Unidas Podemos la dirección de este ministerio, motivada por el hecho de que «Podemos es inquietante para la Confederación Española de Organizaciones Empresariales».

Una noble motivación que revela cuáles son las referencias sociales de los socialistas. Lo que aparece como una «ruptura por los sillones» es, sin embargo, una ruptura por los contenidos: Unidas Podemos quería que este ministerio aboliera la Reforma del Mercado Laboral del Partido Popular y elevara el salario mínimo a 1200 euros. Dos cosas en las que los socialistas, probablemente tras escuchar a la CEOE, no están de acuerdo. Se debe pensar sobre el cacareado final de la centralidad del trabajo en las dinámicas políticas contemporáneas: el nacimiento de un gobierno se ha visto obstaculizado para impedir que la izquierda lidere las políticas sobre este tema. Las élites siempre saben muy bien cuál es el punto.

La tercera palabra es bipartidismo. Toda la acción política de Pedro Sánchez se puede resumir en un intento por recuperar el control de la política española, cuando fue casi monopolizada por el PSOE y el PP. Acreditar a Podemos como fuerza de gobierno habría sido contraproducente desde este punto de vista.

La cuarta palabra es Europa. Los socialistas han declarado repetidamente que el perfil programático de Unidas Podemos es inquietante (todavía) para las instituciones europeas. Puede imaginarse que una presión considerable también ha venido de este lado.

Pedro Sánchez nunca quiso este gobierno. Podemos en cambio lo buscó con firmeza, casi desesperadamente. No solo por razones desinteresadas («el bien de España y de las clases populares»), sino también porque Pablo Iglesias y los suyos piensan que el gobierno es el mejor lugar desde el que relanzar el partido. Un partido que, en los últimos años, ha establecido sólidas relaciones con la sociedad civil organizada, tanto que los dos principales sindicatos españoles apoyaron la idea del gobierno de coalición desde el principio.

Sin embargo, esta presencia en la sociedad no es suficiente. Podemos no puede ser percibida como «la protesta» o simplemente como un instrumento de movilización colectiva. Necesita mostrarse como una fuerza de gobierno confiable y eficaz a nivel nacional. Toda la estrategia de Pablo Iglesias de los últimos dos años se ha construido en torno a esto. La investidura fallida de Sánchez supone, por tanto, una seria derrota.

En el caso de una nuevas elecciones, Podemos tendrá que enfrentar no solo la campaña adversa de los medios próximos al PSOE (como El País y el poderoso grupo Prisa), sino también, probablemente, un doble riesgo: una ruptura con Izquierda Unida (ahora favorable al apoyo externo a Sánchez), y la irrupción electoral del partido de su ex número dos, Íñigo Errejón. La irrupción de Errejón corresponde a los sueños del PSOE, que lo considera un factor decisivo para derrotar definitivamente a Podemos y tener ante sí a una izquierda más moderada y flexible.

Por lo tanto, las responsabilidades por el fracaso de Pedro Sánchez no deben repartirse por igual. Solo una de las partes quería el gobierno. La derecha se regodea. Los socialistas europeos, una vez más, no aprenden de sus errores; solo nos llaman a movilizarnos “contra los fascistas”.

Artículo publicado originalmente en Il Manifiesto // Traducido del original por El Viejo Topo. Attribution-NonCommercial


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