Los datos que apoyan la exigencia de Yolanda Díaz a la patronal para que suba los salarios

  • Los sueldos pierden hasta julio más de ocho puntos de poder adquisitivo por la inflación: los alimentos han subido un 13,5% en un año, mientras que alquileres y recibos se encarecen un 23%
  • El peso de la luz, el gas y la gasolina en el gasto de las rentas bajas duplica al de los más acomodados
  • Los beneficios de las empresas aumentaron un 62,4% en el primer trimestre: la industria los ha duplicado y el comercio y la hostelería, triplicado
+reciente, eldiario.es, 02-09-2022: Trabajo da dos meses a los expertos para trazar una subida del salario mínimo acorde a la situación actual

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Los salarios en España han sufrido una devaluación del 6,4% entre 2008 y 2020 // UGT

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, sustenta su respaldo a las movilizaciones de los sindicatos en que es necesario subir los salarios en España. “Para una familia trabajadora normal, con un país que tiene salarios más que moderados, es imposible vivir. Los trabajadores tienen razón y le pido a la patronal española que negocie. Hay que subir los salarios”, explicó este lunes en una entrevista en la Cadena Ser. Díaz se apoyó en las cifras de la inflación y en el bajo número de convenios colectivos negociados en lo que va de año para pedir “altura de miras y compromiso con su país” a la CEOE, que rechaza subidas salariales en consonancia con la inflación y acusa a la ministra de cargar contra la patronal por motivos “electorales”.

Pero hay más datos que respaldan una mejora de los sueldos. Éstos son algunos:

Inflación en niveles históricos

La inflación alcanzó el 10,8% en julio, su nivel más alto desde septiembre de 1984. Los alimentos han subido un 13,5% desde el mes de julio del año pasado, pero los alquileres y los gastos de luz y gas en las viviendas lo han hecho aún más, un 23%, según los registros del Instituto Nacional de Estadística (INE). Por citar algunos productos: la harina es ahora un 38% más cara que hace un año, el pollo un 16,3%, la leche un 23%, el aceite de girasol un 83%, la fruta un 15%. El transporte, debido al aumento de costes que supone el encarecimiento de los combustibles, también ha aumentado sus precios un 16,2% en el último año. Este aumento de precios afecta más a las rentas bajas, ya que tanto su factura energética como la del supermercado representa un porcentaje más elevado de su gasto que en el caso de los hogares más acomodados. Según el Banco de España, la subida de la electricidad, el gas y los carburantes elevó el peso de estas partidas en el gasto en 1,4 puntos porcentuales para los más ricos, pero en 3,1 puntos para los más pobres. Además, las rentas bajas tienen menos colchón para hacer frente al aumento del coste de la vida porque sus tasas de ahorro suelen ser más reducidas.

Pérdida de 8,24 puntos de poder adquisitivo

Si al encarecimiento de la cesta de la compra y de los recibos de luz y gas se le suma que los salarios pactados en convenio sólo han subido un 2,56% hasta el mes de julio, la pérdida de poder adquisitivo asciende a 8,24 puntos. Hasta que la mesa de negociación se rompió el pasado mes de mayo, los sindicatos pedían subidas salariales del 3,5% para este año; por tanto, aún muy por debajo del IPC actual e incluso de la previsión media prevista para este ejercicio, en torno al 7%. También inferior a la inflación subyacente –la que excluye alimentos y energía–, que en algún momento se ha propuesto usar como referencia y que en julio también había escalado hasta el 6,1%, la mayor desde 1993. Para compensar esa brecha, CCOO y UGT reclamaban que se incluyeran cláusulas de revisión salarial en los convenios, con las que se recuperara a final de año el poder adquisitivo perdido. La CEOE rechaza de plano esas cláusulas porque, argumenta, las empresas aún no se han recuperado de la pandemia y sufren un recorte de márgenes debido al aumento de sus costes debido al encarecimiento de la energía y las materias primas.

Larga devaluación salarial

Aunque no hubieran subido los precios, los salarios españoles tampoco estarían para muchas alegrías. La devaluación que sufrieron por culpa de la crisis financiera y la reforma laboral de 2012 aún se mantenía cuando llegó la pandemia. El INE también publica un índice similar al IPC, pero con salarios, el Índice de Precios del Trabajo (IPT), según el cual los salarios pagados en 2020 –el último año publicado– por realizar el mismo trabajo están un 6,4% por debajo de los de 2008 en términos reales. El salario medio en España ascendía a 25.165,51 euros en 2020, tal y como revela la última Encuesta Anual de Estructura Salarial. Pero el salario mediano es de 20.920,12 y el salario más frecuente, aún menor: 18.480 euros.

Remuneraciones frente a excedentes

Otra forma de medir el comportamiento de los salarios es la remuneración de los asalariados tal y como la recoge la Contabilidad Nacional. Del primer trimestre de 2021 al primero de este año, esta partida ha crecido un 7,1%, mientras que el excedente de explotación bruta, que se asimila a los beneficios empresariales, pero incluye también el consumo de capital y las rentas inmobiliarias, ha aumentado un 12,7%, 5,6 puntos más.

Industria, comercio y hostelería disparan sus ganancias

El Banco de España calcula que la cifra de negocio de las empresas aumentó un 45,3% en términos nominales –sin restar la inflación– durante el primer trimestre de este año, antes de que comenzara la guerra en Ucrania. También lo hicieron los consumos intermedios, los que necesitan las empresas para producir sus bienes, un 49,9%. Pese a que la subida de éstos fue mayor que la de las ventas, el Valor Añadido Bruto (VAB) creció un 11,1%. Por encima de esa media se situaron el comercio y la hostelería, con un 29,2%. Aun así, el VAB de las empresas incluidas en la Central de Balances del Banco de España –una muestra de 910– se encuentra todavía un 5,3% por debajo de la cifra del primer trimestre de 2019, menos en los casos del comercio, la hostelería y la industria. Con estas cifras, los beneficios ordinarios de esas empresas aumentaron un 62,4% comparadas con 2021. Muy por encima de esa media se han situado los beneficios de la industria, un 110% –es decir, los han más que duplicado–, y del comercio y la hostelería, un 181% –casi los triplican–.

El Banco de España también elabora una Encuesta sobre la Actividad Empresarial, donde pregunta a 14.500 sociedades. Las respuestas se refieren ya al segundo semestre del año, con la guerra en pleno desarrollo. El 38,1% de las empresas dicen que han subido los precios. Sobre todo, las de hostelería y construcción. Otro 35,7% adelanta que los subirá en el tercer trimestre. Para dentro de un año prevén hacerlo un 54%.

Bloqueo de los convenios

Tanto los sindicatos como la propia Yolanda Díaz acusan a la CEOE de bloquear la negociación colectiva. Hasta julio, se han firmado y registrado 450 convenios, cuando en 2019 la cifra alcanzaba los 556 y en 2018 los 663. También se superaron los 600 en 2016 y 2017, de acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Trabajo. Al año se suelen firmar y registrar entre 1.800 y 1.900 convenios –2.502 en 2013–. Si en 2019, a estas alturas del año, 1,22 millones de trabajadores tenían reguladas sus condiciones laborales, en 2022 su número es de 1,09 millones, 131.758 menos, una caída de casi el 11%. En 2018 la cifra de asalariados protegidos era aún mayor, 1,52 millones. En total, cada año se firman convenios para más de 4,5 millones de trabajadores.

Menos consumo, más ahorro por la incertidumbre

Según una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la subida del coste de la vida y la tímida subida salarial están recortando el consumo de los españoles. Así, el 42% compra productos de marca blanca, más baratos, mientras que el 21% ha reducido alimentos básicos como la carne y el pescado. El 33% va menos a bares y restaurantes y el 29% renuncia o aplaza la compra de ropa. Pero, con la inflación, lo importante son las expectativas. Dos de cada tres encuestados tienen miedo a gastar y prefieren ahorrar por si el futuro se complica. Y uno de cada tres dice que no dispone de ahorro suficiente para afrontar nuevas subidas de precios los próximos meses. El 45% ya bajó la temperatura de la calefacción en invierno y el 42% desconectó aparatos para rebajar la factura de la luz. El 36% ha dejado de usar el coche por el elevado precio de los combustibles.

El Banco de España también mide el ahorro de los hogares y empresas. El de las familias encadena 11 meses consecutivos de subidas. Entre julio de 2021 y julio de este año, el alza ha sido del 5,78%. Disparado tras la pandemia, el ahorro se mantuvo en 2021 y en lo que va de 2022 ha seguido aumentando. Los depósitos de las familias han crecido un 17% desde febrero de 2020, antes de que apareciera el coronavirus.

El consumo representa casi el 80% del PIB; por tanto, es fundamental para el crecimiento económico. Y una manera de sostenerlo es subiendo los salarios, argumentan los sindicatos. Pero en el segundo semestre del año, según los datos de la Contabilidad Nacional, la contribución de la demanda nacional al crecimiento interanual del PIB ha sido de 3,6 puntos, cuatro décimas inferior a la del primer trimestre. El consumo de los hogares creció de abril a junio un 3,2% respecto al mismo trimestre de 2021, por debajo del alza interanual de hace un año, que alcanzó el 4,9%. Es probable que el gasto se haya mantenido durante los meses de verano, pero afronta un otoño e inviernos en los que la cesta de la compra y los recibos de luz y gas incitarán al repliegue.


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