Los grandes bancos presumen de su compromiso con el clima mientras siguen financiando combustibles fósiles

  • El día de las finanzas en la cumbre del clima se salda con más promesas de las entidades financieras obviando su apoyo a las energías sucias: «Es como una campaña antitabaco que no menciona los cigarrillos»
  • Desde el Acuerdo de París, los 60 bancos más grandes del mundo han invertido cuatro billones de dólares en petróleo, gas o carbón
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El ministro de Hacienda británico, Rishi Sunak, celebra el acuerdo de las entidades financieras en la cumbre del clima.

El ministro de Hacienda británico, Rishi Sunak, celebra el acuerdo de las entidades financieras en la cumbre del clima // Europa Press

Este miércoles se celebró el día de las finanzas en la cumbre del clima de Glasgow. Aprovechando el escenario, la Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (Gfanz), que reúne a las instituciones financieras que se comprometen a alcanzar el cero neto en sus carteras de inversión, publicó un informe sobre los progresos realizados. Fondos de inversión, aseguradoras y bancos que aseguran que están comprometidos con la acción climática.

Sin embargo, el crédito de las grandes instituciones financieras se está agotando, si es que alguna vez lo tuvo: por muchas promesas a largo plazo que se anuncien, no se puede presumir de ambición mientras se sigue apoyando a la industria de los combustibles fósiles, consideran los activistas, y mientras se ignora el impacto de estos movimientos de capital. «Es como una campaña antitabaco que no menciona los cigarrillos», acusa Reclaim Finance, una organización que ha publicado su particular contrainforme contra la alianza.

La Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (Gfanz) asegura que cuenta entre sus filas con más de 300 firmas financieras, que juntas cuentan con más de 130 billones de dólares en activos bajo gestión. Esto no significa que estos 130 billones vayan a dedicarse a combatir el cambio climático. Significa que esas 300 entidades se comprometen a alcanzar las cero emisiones netas de carbono, es decir, que lo poco que emitan sus carteras será compensado. Sin embargo, la pertenencia al pacto no implica contar con planes, líneas maestras o guías de actuación que expliquen cómo se va a alcanzar ese objetivo. Tampoco hay que librarse de las carteras más contaminantes o dejar de apoyar nuevos proyectos de petróleo, gas o carbón. Solo basta con hacer una promesa. 

El nombre del informe de Reclaim Finance lo dice todo: No es lo que dices, es lo que haces. La organización denuncia que la «Net-Zero Banking Alliance», el pacto entre bancos parte de la Gfanz que cuenta con los españoles Abanca, Sabadell, Santander, Bankinter, BBVA, Caixabank e Ibercaja, permite un plazo de entre tres y cuatro años a las entidades para explicar lo que van a hacer contra el cambio climático. Y todavía no lo han hecho, lo que no les impide lanzar titulares en la COP26. El estudio critica, además, la «omisión» de que la alianza no exige contar las emisiones de alcance 3 de las carteras financiadas por estas empresas.

Estas emisiones son las derivadas del uso que hacen los consumidores finales de los productos que se comercializan. Es decir, que si un banco financia a una empresa que extrae carbón y ese carbón se usa para producir la electricidad más sucia de todas, esas emisiones finales no se cuentan en la responsabilidad de la entidad financiera que está apoyando directamente la actividad. Pero Reclaim Finance carga las tintas, sobre todo, contra «el elefante en la habitación»: el mundo de las finanzas no puede hablar de acción climática obviando su respaldo constante a los combustibles fósiles. 

«La única manera de que estas alianzas puedan responder a la urgencia de la crisis climática es reorientando sus esfuerzos a un rápido descenso de la financiación de los combustibles fósiles. La Agencia Internacional de la Energía ha explicado que quedarse debajo de los 1,5 grados [de calentamiento global] exige dejar de financiar la expansión de las energías sucias. Varias de las alianzas explicitan su apoyo a los escenarios de la IEA. Por lo que deben exigir a sus miembros el fin del apoyo de nuevos proyectos de petróleo, gas o carbón».

Hay que abandonar, explican los activistas, la creencia de que bancos, aseguradoras y otras entidades financieras simplemente mueven el dinero y no son responsables de lo que hacen con él. «Esta industria, mano a mano con gobiernos y otras empresas, ha jugado un papel clave en permitir a nuestra economía ser desastrosamente adicta de los combustibles fósiles». En los seis años que han pasado desde la firma del Acuerdo de París, los 60 bancos más grandes del mundo han invertido cuatro billones de dólares en la industria de las energías sucias. Lo han seguido haciendo, lo seguirán haciendo en los próximos años y no cuentan con apenas planes para dejar de hacerlo.

Hay modelos de banca ética, como el de Triodos Bank u otras entidades similares, que rechazan expresamente la inversión en combustibles fósiles y presionan a otros bancos para seguir sus pasos: no se pueden descarbonizar las carteras de un día para otro, pero sí se puede establecer un plan para hacerlo ordenadamente y, sobre todo, se puede evitar seguir el mismo camino en nuevos negocios. Pero son minoría. En España, como llevan denunciando las organizaciones años, el compromiso dista mucho de ser ejemplar. «Las entidades financieras se ponen de perfil con este tema«, explica una fuente conocedora de la acción climática de las finanzas españolas. Los beneficios siguen siendo lo primero, aunque a largo plazo una crisis climática desatada también pueda afectar a sus balances.

El Banco Santander (25.736 millones de dólares) y el BBVA (17.452 millones) han seguido financiando proyectos basados en gas, petróleo y carbón desde la firma del pacto de 2015 «a pesar de que ambos se han adherido a iniciativas internacionales para alinear sus actividades con los objetivos del Acuerdo de París», denunció en septiembre el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (Iidma). «Ningún banco español se ha comprometido todavía a dejar de financiar totalmente la expansión de nuevos combustibles fósiles, a pesar de que la AIE ha constatado que 1,5ºC requiere que no pueda haber nuevos combustibles fósiles. Aunque estos bancos restringen en cierta medida la financiación actual de fuentes no convencionales, mantienen una exposición sustancial a estas actividades a través de la financiación corporativa de empresas diversificadas como las grandes petroleras», aseguró en otro informe la ONG de inversión responsable ShareAction.

En definitiva, es difícil encontrar una voz en la cumbre del clima de Glasgow que celebre la iniciativa de las entidades financieras. «Cabe preguntarse si el Gfanz y sus miembros están realmente dispuestos a liderar la lucha contra el cambio climático, dado que en realidad están frenando la revolución de la energía verde al mantener a flote la industria de los combustibles fósiles contaminantes«, atacó la directora ejecutiva de Reclaim Finance, Lucie Pinson. La alianza, en su evaluación de progresos publicada este miércoles, defiende que no es tan fácil. «Actores tanto de las finanzas como de la sociedad civil han señalado que la desinversión en los activos intensivos en carbono puede ser ineficaz e incluso conducir a aumentos de las emisiones en el mundo real, porque la desinversión puede llevar a que los activos con alto contenido de carbono pasen de manos de propietarios comprometidos con una operación más responsable a manos de propietarios que no lo son».

Los activistas contra el cambio climático llevan años denunciando que las promesas de cara a 2050 pueden ser una herramienta perfecta para el greenwashing, útil para Gobiernos y empresas. En primer lugar porque, como recordó el secretario general de la ONU, António Guterres, el pasado lunes, no hay un estándar que permita comparar promesas de «cero emisiones netas» de carbono para esa fecha. En segundo lugar porque es más fácil comprometerse a largo plazo sin que las políticas actuales sean coherentes con la meta. La obsesión con el «cero neto» empezó en 2018, con el informe del IPCC que aseguró que el cumplimiento del Acuerdo de París solo pasa por emisiones mínimas a mitad de siglo. Hasta Repsol se ha subido al carro.

Este mismo jueves, la activista Greta Thunberg criticó, con una gran dosis de ironía, los compromisos basados en el «cero neto», es decir, en compensar la expulsión de gases de efecto invernadero en vez de acabar con la actividad. «Estoy encantada de anunciar que he decidido apostar por el cero neto en términos de palabrotas. Si digo algo inapropiado, lo compensaré diciendo algo agradable».


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